Capítulo 3

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Los susurros a su nombre la hicieron despertar sobresaltada, con el corazón galopeando como un corcel desbocado había brincado de la cama, los susurros parecían solo susurros, pero también podrían haber sido solo un sueño aterrador.

Tratando de calmar la tempestad de emociones dentro de ella caminó al baño, dejando que la luz tenue de la luna la guiara. Al mirarse al espejo, vio su reflejo pálido y los ojos ansiosos reflejados en él. Respiró hondo, intentando calmarse con agua fresca en su rostro. Su frasco de pastillas estaba ahí, llamándola a caer en tentación.

Las pastillas eran un apoyo, pero esa noche habían fallado, justo como el día anterior y ahí estaba de nuevo. En su cabeza una lucha contradictoria la volvía loca y reuniendo toda su fuerza y coraje salió del baño. Ella podría buscar otras maneras de calmar a su inquieto corazón y supo qué hacía lo correcto al bajar por un vaso de agua.

Su mente se resistía a la idea de no poder controlarse.

—Dios —el frescor del líquido calmó su garganta seca y la hizo sentir más despierta.

Miró por la ventana hacia el cielo nocturno, adornado con estrellas titilantes, y se dio cuenta de que había estado ignorando la belleza y la serenidad que la noche podía ofrecerle, pero antes de siquiera poder disfrutar de la belleza de la noche, los susurros volvieron.

Un escalofrió recorrió todo su cuerpo y giró bruscamente en busca de aquella voz que llamaba por su nombre, la voz era suave y susurrante, como si proviniera de la oscuridad misma. Intrigada y llena de temor, Malina siguió la brisa de viento y se dirigió a la sala.

Una extraña fuerza la atrajo hacia las enormes puertas del sótano, que permanecían cerradas desde hace tiempo. Aunque no entendía qué estaba sucediendo, algo dentro de ella la impulsaba a abrir esas puertas. Las manos temblorosas se acercaron al pomo, pero antes de que pudiera tomarlo, una voz detrás de ella la hizo dar un respingo y soltar el vaso de agua que sostenía.

Se giró rápidamente y se encontró con el rostro conocido de Isabella, quien la miraba con preocupación. Malina pareció salir de aquel ensueño y confundida de donde se encontraba empezó a observar el panorama ¿Estuvo a punto de abrir aquel lugar al que tanto temía? ¿Dónde sus más oscuros secretos se encontraban?

— ¿Estás bien? ¿Qué hacías? —aún paralizada en su lugar, Isabella fue demasiado rápida en acercarse a ella, aquella acción y la posibilidad de que Isabella volviera a tocarla con su cálido tacto la hicieron reaccionar.

—Lo siento —aún perdida por lo que acababa de suceder, no pensó muy bien en el momento de agacharse y querer recoger los vidrios rotos con sus manos.

—Te vas a cortar —y ahí estaban de nuevo, aquellas suaves manos detuvieron sus movimientos y una calidez se instaló por todo su rostro. Malina agradecía la oscuridad de la noche, cómplice en ocultar aquellas mejillas ardientes que estaban fuera de control—. Déjame ayudarte con esto.

En el segundo en el que Isabella desapareció, el olor a cervezas y cigarrillos se hizo presente, Malina frunció el ceño y cuando la chica regresó prendiendo la luz pudo observar que no llevaba ropa cómoda para dormir. Se preguntó a sí misma si la morena había salido.

— ¿Te escapaste?

Isabella soltó una pequeña risa mientras barría los pedazos de vidrio y los colocaba en el recogedor de basura.

—No le digo de esa forma —Malina escuchaba con atención, no quería ser entrometida, pero las palabras habían salido de su boca antes de siquiera pensarlas—. Algunas noches suelo salir a pasar el rato con mis amigos, nada peligroso.

—Ya veo —básicamente sí se escapaba—. Gracias por eso, no era necesario —comentó al ver como Isabella dejaba el recogedor de basura y la escoba aun lado.

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