Capítulo 15

2.2K 137 43
                                        

Malina se encogió en aquel rincón sombrío de la habitación. Cada paso del hombre resonaba con una intensidad creciente. La joven contenía la respiración, suplicando en silencio que el hombre no la descubriera oculta bajo la cama.

"No temas"

Los ecos de las criaturas resonaban en sus oidos. Desconocía el alcance que ellos tenían sobre ella y a pesar del miedo infligido por ellos mismos, inesperadamente se sentía reconfortada. No quería sentirse así, no quería sentirse protegida por ellos, no cuando eran la misma oscuridad. Sin embargo, en ese momento crítico, con el hombre a escasos centímetros representando una amenaza inminente, las criaturas parecían diminutas en comparación.

"No somos los malos aquí Malina"

Finalmente, la agonizante eternidad llegó a su fin. Por instinto, ajena a la razón, se deslizó fuera de la cama, alcanzando la puerta de la habitación. La mirada desesperada de Isabella fue con lo primero que se topo, la morena movió la cabeza ligeramente, gritando silenciosamente que se fuera y Malina obedeció.

"La foto, la foto Malina"

La joven giró el rostro para descubrir a qué se referían, pero fue demasiado tarde. Malina ya había salido cuando lo notó; una de las fotografías yacía en el suelo. Maldiciéndose a sí misma por no haberlas guardado adecuadamente, ella escapó.

Sus piernas se movieron sin control, ella corrió sin rumbo. Solo cuando se sintió envuelta en la certeza de la seguridad, se detuvo para inhalar la plenitud en sus pulmones. Se encontraba sola en la penumbra de la iglesia, agradecida por no haberse cruzado con nadie en su trayecto. Ahora, con las manos reposando con gracia sobre sus rodillas, inició la cadencia de inspirar y espirar el aire, buscando recobrar la serenidad y disipar la ansiedad que latía en su corazón.

— ¿Malina?

Una rigidez recorrió su cuerpo al escuchar su nombre. Malino giró lentamente, descubriendo a Brandon a escasos centímetros, su rostro reflejando una expresión de confusión.

— ¿Brandon?

— ¿Qué haces aquí? —cuestionó casi al mismo tiempo.

—Yo... —un estremecimiento recorrió su ser al rememorar el contundente empujón que la había arrojado al suelo—. ¿Qué haces tú aquí?

Una oleada de irritación se apoderó de su pecho, un hormigueo que vibraba intensamente ante la presencia del joven. Malina identificó la familiar sensación de esa noche y al experimentarla de nuevo, comprendió que las criaturas eran las artífices. Se esforzó por alejarla, aunque aún sin tener claro cómo hacerlo.

—Estoy esperando a mi padre —respondió con serenidad, su rostro reflejando una mirada arrepentida mientras evocaba sin duda aquella noche.

— ¿Tu padre?

—Sí, el Diácono Braulio es mi padre —Malina dejó que la asombrosa revelación se deslizara entre sus labios. Iluminada por la comprensión repentina de por qué el Diácono le resultaba tan familiar desde el primer momento en que lo vio—. Entonces ¿Tú que haces aquí?

La respuesta de Malina se vio abruptamente interrumpida por la entrada de Lauren e Isabella. Las chicas la envolvieron en un abrazo apretado, ajenas a la presencia de Brandon a su lado. Lauren fue la primera en separarse, dejando que Isabella prolongara el contacto por unos instantes más. Malina se dejó llevar por la reconfortante sensación, hasta que el carraspeo de Brandon atrajo su atención.

Fue en ese instante que tanto Lauren como Isabella se percataron de la presencia de alguien más. Lauren mostró sorpresa, mientras que Isabella se colocó frente a Malina como un muro protector. Todos reviviendo aquella noche en la que Brandon había empujado a Malina, un recuerdo persistente en sus mentes.

Pequeñas CriaturasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora