Isabella despertó de nuevo, esta vez con la sensación de que algo era profundamente diferente. Bajo su cuerpo, la dureza del suelo tenía una textura fría y áspera, como si hubiese sido trasladada a un lugar improvisado y desolador. Un aroma metálico flotaba en el aire, mezclado con el eco lejano de pasos o movimientos que apenas podían distinguirse. Era un entorno extraño, cargado de una tensión que se sentía en cada partícula. Al abrir los ojos, lo primero que vio fue un rostro familiar. Pero no era el de Braulio. Era Brandon.
Por un momento, la confusión nubló sus pensamientos. Luego, como una oleada incontenible, el dolor de la traición la atravesó. Aquel chico que había sido su amigo, estaba allí, cabizbajo, como si la culpa lo devorara por dentro. Pero Isabella no podía sentir compasión, el coraje hacia él era más fuerte.
Brandon levantó la vista al notar que Isabella había despertado. Había algo roto en sus ojos, un brillo ausente que no lograba ocultar.
—Isabella... —murmuró. Su voz era apenas un hilo, cargada de remordimiento.
Ella no dijo nada. Su mirada era un puñal, afilado por la rabia, que perforaba cualquier intento de explicación, como si cada palabra que él pudiera decir no fuera más que un eco vacío en medio de su tormenta emocional.
—Lo siento —agregó Brandon, bajando nuevamente la cabeza. Sus manos temblaban ligeramente, y se aferraba a su pantalón como si eso pudiese mantenerlo en pie. —No debería estar pasando esto, pero... no puedo hacer nada.
—¡Déjame ir! —suplicó Isabella, su voz quebrada por las lágrimas que comenzaron a rodar por su rostro. —Por favor, Brandon, no tienes que hacer esto.
Él sacudió la cabeza, su expresión una mezcla de angustia y desesperación.
—Tengo que cumplir con mi deber —contestó, aunque las palabras le pesaban como una losa.
Un silencio lleno de tensión se extendió entre ellos. Isabella observó cómo los ojos de Brandon comenzaban a llenarse de lágrimas, hasta que no pudo contenerlas más.
—No sé por qué fuiste tú —exclamó de repente, su voz desgarrada por el dolor. —Desearía que no te hubieran escogido, Isabella. Esto no debería estar pasando.
Ella parpadeó, confundida por sus palabras. Quiso preguntar qué significaban, pero el coraje que sentía no le permitía compadecerlo. Brandon no merecía su lástima. En cambio, su mente comenzó a trabajar rápidamente, ideando un plan. A su lado había una vieja carreta de metal llena de cosas. Con el rabillo del ojo, logró identificar un martillo que sobresalía entre los objetos. Sería suficiente.
—Brandon... —dijo con la voz más dulce que pudo reunir, ocultando su rabia tras un velo de suplica. —Por favor, las sogas están muy apretadas. No puedo más. Si tan solo las aflojaras un poco...
Él dudó. Sus manos se crisparon, y por un momento pareció debatirse entre su conciencia y su deber. Finalmente, con un suspiro pesado, cedió.
—Esto no está bien —murmuró mientras se inclinaba hacia ella. Sus dedos comenzaron a trabajar en los nudos con torpeza. —Lo siento tanto, Isabella.
Isabella observó cada movimiento, esperando el momento exacto. Cuando las sogas aflojaron lo suficiente, no dudó. Su mano derecha se deslizó rápidamente hacia la carreta, cerrándose alrededor del mango del martillo. Con un movimiento rápido y preciso, lo levantó y lo descargó con fuerza sobre el rostro de Brandon.
El golpe resonó en el lugar, y Brandon cayó al piso con un sonido sordo. Isabella no se detuvo a verificar si estaba consciente o no. Sus piernas, aunque entumecidas, reaccionaron al impulso de supervivencia, y comenzó a correr. No había tiempo para pensar, solo para huir.
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Pequeñas Criaturas
Mystery / ThrillerEn un regreso enigmático al hogar que una vez conoció, Malina despierta los recuerdos ocultos de una tragedia que destruyó su familia y dejó su corazón sumido en la oscuridad. Las sombras del pasado acechan cada rincón, atormentándola con su persist...
