El sentimiento amargo en su pecho no le permitió descansar. Había dejado a Malina durante la madrugada, pensando que se encontraría mucho mejor en la mañana, sin embargo, no había acontecido así.
Isabella estaba al pie de su cama, mirando como el rostro de su ex mejor amiga se transformaba en una expresión más dolorosa que la anterior. Habían pasado dos días desde que Malina se encontraba así, dos días en los que apenas estaba consciente sobre quienes se encontraban a su alrededor.
Isabella miraba con abatimiento y tristeza a su compañera. Malina dormía plácidamente, su pecho subía y bajaba lentamente como si estuviera esperando a por un príncipe para despertar, pero sus pequeños quejidos cada cierto tiempo la sacaban de esa realidad.
Ella estaba sufriendo.
—La medicina no está funcionando —gruñó Eleonor—. No puedo seguir esperando a que mi hija continúe con más de 39 grados y vómitos cada una hora.
—Tal vez deberías llamar a Nicolás —el que su madre hubiera dicho ese nombre pareció enfurecer a la otra mujer.
—Esto no es lo mismo que lo qué pasó con Oliver, Martha.
Las dos mujeres discutían en la entrada de la habitación. Las voces se escuchaban distorsionadas a la distancia, pero solo basto escuchar aquel nombre para que Isabella perdiera el hilo de la conversación. El nombre del niño apagó un interruptor en su realidad, y la llevó a recuerdos dolorosos, recuerdos tormentosos que hubiera deseado no dejar entrar.
Malina yacía acostada compartía rasgos con su pequeño hermano. Era difícil para ella recordar el pasado, su infancia, era como si estuviera ahí flotando a la deriva, pero que, con cualquier mención encontrara el camino, entrometiéndose en sus pensamientos.
—Isa —la morena giró el rostro al sentir un ligero tirón en su brazo—. Él se pondrá bien, ¿verdad? —sonriendo débilmente, Isabella asintió.
— ¡Por supuesto que sí! Nicolás vendrá a verlo. Mamá dice que, con ayuda de Dios, Oliver por fin dejará de estar enfermo.
— ¿De verdad? ¿Crees eso? No me gusta verlo así, preferiría estar en su lugar.
—Ven aquí —Isabella tomó de la mano a su amiga, la llevó aún lado de la cama e hizo que tomara con fuerza la mano de su hermanito—. Él debe saber que estás aquí, debe sentirte y así tener una razón para despertar —Malina quien miraba con aflicción al pequeño niño en la cama, pareció encontrar consuelo en sus palabras.
— ¡Entonces debe saber que tú también estás aquí! Ven, toma su mano igual —Isabella obedeció.
El niño estaba postrado en la cama completamente inmóvil. Cada cierto tiempo soltaba un quejido de dolor y su rostro serenamente apacible se convertía en una aflicción contenida. Isabella no podía imaginar lo que el pequeño niño estaba sintiendo, ella no podía pensar en él y verlo de esa manera, le entristecía ver sufrir a quien quería.
—Yo igual preferiría estar en su lugar —Isabella miraba abatida al niño cuando se fijó detenidamente en la mano que sostenía. Una sombra de preocupación cruzó su rostro al ver la línea fina en su mano, una herida de la cual no se había percatado hasta el día de hoy —. ¿Qué le pasó ahí?
—Desaparecerá pronto, justo como le dije —Isabella miraba perdida entre sus recuerdos la herida de Malina, ni siquiera había notado que observaba aquella línea con tanta determinación, intentando recordar de quién más lo había visto—. Ella es fuerte, estará bien —su madre, Martha, había llegado a su lado para mirarla con afinidad.
—Debí haberlos llamado en cuanto vi que se encontraba mal —Isabella suspiró bruscamente. Martha en un intento de consolarla posó su mano en su hombro.
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Pequeñas Criaturas
Mystery / ThrillerEn un regreso enigmático al hogar que una vez conoció, Malina despierta los recuerdos ocultos de una tragedia que destruyó su familia y dejó su corazón sumido en la oscuridad. Las sombras del pasado acechan cada rincón, atormentándola con su persist...
