Capítulo 19

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La mirada de Isabella se posaba en la aparentemente perturbada expresión de Malina. La historia de Brandon iba adquiriendo la forma de un relato familiar a medida que avanzaba, y ella lo intuyó con solo observar a Malina.

Isabella se vio obligada a respirar lentamente para sí misma. No creía que Brandon estuviera contando la historia con la intención de perjudicar a la chica, pero un impulso abrumador de golpearlo la invadió a mitad del relato.

Malina, quien previamente había estado pegada a su cuerpo, ahora se encontraba a escasos centímetros de distancia, claramente ajena a todo lo que sucedía a su alrededor.

—Malina, Isa, ¿quién quiere ir primero? —preguntó Brandon.

Antes de que Isabella pudiera abrir la boca, una ventana de la cabaña se abrió con fuerza; el viento, demasiado potente para el agradable clima, apagó la luz de las velas y pronto se sumieron en la oscuridad.

— ¡Enciendan las velas! —gritó Lauren, aferrándose fuertemente a Marcos.

Brandon obedeció y segundos después se rió ante la reacción de la rubia, quien simplemente lo miró mal.

—Estas velas no durarán mucho. Estoy seguro de que papá guarda más en el sótano, ¿alguien quiere acompañarme? —Marcos levantó la mano mientras se ponía de pie—. ¿Te quedas Lau, o eres demasiado cobarde?

— ¡¿Cobarde?! ¿A quién le dices cobarde, pedazo de...? —Isabella vio a la rubia levantarse con determinación. La situación le habría resultado graciosa en cualquier otra circunstancia, pero en ese momento su única preocupación era la chica a su lado.

— ¿Ustedes chicas, vienen? —preguntó Marcos, a lo que Isabella negó.

—Los esperamos aquí.

Cuando los niños desaparecieron, Isabella tomó la mano de Malina, y al final, la joven pareció recobrar la conciencia. La mirada de Malina, ahora fija en la de Isabella, reflejaba intriga e incertidumbre, y la sensación de sentir lejos a Malina comenzó a volverse abrumadora.

—Oye, ¿estás bien? Esa historia... —mencionó Isabella con temor a la reacción de Malina. Sin embargo, la pelinegra no permitió que terminara su oración.

—¿También te recordó a Oliver?

Isabella parpadeó ante esas palabras. El tema de su hermanito era como caminar sobre arenas movedizas; un paso en falso podía llevarla a un punto sin retorno. Malina rara vez tocaba el tema, y la primera vez que lo hizo, fue recordado con anhelo, tristeza y alegría. No obstante, esta vez era diferente; se sentía doloroso.

—Son solo historias sin sentido —Isabella lamentó haber dicho eso. El dolor en los ojos de Malina se manifestó en todo su esplendor, haciendo que bajara la cabeza. Sintiéndose tonta por sus palabras, Isabella se acercó a Malina y con su mano libre alcanzó su rostro—. Oye.

— ¿Tú crees que es algo sin sentido? —Isabella la miró arrepentida, titubeó ante sus palabras, pero finalmente, al ver una lágrima deslizarse por la mejilla de Malina, pudo terminar su oración.

—Pienso que Brandon es un tonto, y si me dices ahora mismo que le dé una patada en el trasero, te juro por mi vida que en cuanto cruce esa puerta, estará tumbado en el suelo boca abajo.

Isabella dirigió su mirada hacia Malina, aguardando ansiosa una reacción. La preocupación quedó plasmada en su rostro mientras observaba a la joven. Sin embargo, Malina sorprendió al romper en risas, secando las escasas lágrimas que habían caído inadvertidamente. Ante ese gesto, una sonrisa iluminó el rostro de Isabella, considerándola en ese instante como la persona más encantadora del mundo.

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