Malina despertó lentamente, sintiendo el calor reconfortante que la envolvía. Al abrir los ojos, se dio cuenta de que Isabella la tenía atrapada en sus brazos una vez más. Sin embargo, esta vez, en lugar de sentirse avergonzada o intentar liberarse, Malina hundió más su cabeza en el cuello de Isabella, disfrutando de la sensación de seguridad que emanaba de la chica a su lado.
Los suaves suspiros de Isabella indicaban que aún estaba sumida en un sueño profundo. Malina sonrió para sí misma y decidió jugar un poco. Quería ver cuánto tiempo podía disfrutar de ese abrazo antes de que Isabella despertara.
Sin embargo, minutos después, Isabella abrió los ojos lentamente, dándose cuenta de la posición en la que se encontraban las dos.
—Lo siento —se disculpó con torpeza mientras liberaba a Malina de sus brazos—. No sé cómo le hago para ponernos en esta posición —Malina rió suavemente.
—Parece que siempre quieres tenerme cerca —Isabella tartamudeó, evidentemente sorprendida por la reacción de Malina. La risa de Malina se intensificó mientras añadía —, podría acostumbrarme a esto.
La sonrisa que se dibujó en el rostro de Isabella fue realmente genuina. Estaba a punto de expresar algo más cuando Malina retomó la palabra.
— ¿Deberíamos ir a desayunar? —Isabella frunció el ceño—. Creo deberíamos. Antes de que se den cuenta de que no he dormido en mi habitación.
Isabella rió nerviosamente y asintió. La morena fue la primera en levantarse de la cama, mientras que Malina lo hizo con mayor lentitud, como si la idea de ir a desayunar ahora le resultara un peso.
Finalmente, ambas llegaron a la cocina y, para sorpresa de ellas, todos ya estaban ahí. Malina se sentó algo nerviosa, temiendo que su madre o su padre hubieran ido a buscarla a su habitación. Observó detenidamente a cada uno y llegó a la conclusión de que nadie había ido a su habitación, confirmado segundos después por su madre.
—Aquí están. Estaba a punto de ir a despertarlas a ambas, señoritas. ¿No tienen que estar temprano en la iglesia? —reprendió.
El día había comenzado de manera excelente, pero al mencionarle sus obligaciones, su ánimo se desvaneció. No obstante, Isabella se sentó a su lado y colocó su mano en su pierna, ofreciéndole un suave apretón.
La sonrisa de la morena resultó ser un impulso reconfortante, aunque la persistente preocupación de Valerio descubriendo su secreto afectaba tanto a ella como a Isabella. Habían captado su atención y ahora necesitaban que él perdiera por completo su interés en ellas.
—Aún tenemos tiempo Eleonor —respondió Isabella.
—Hablando del tiempo —intervino Daniel—. El nuevo ciclo escolar está a punto de comenzar, lo que me recuerda que ustedes dos, señoritas, deberían inscribirse ya en la escuela.
—Daniel —reprendió Eleonor—. Aún no sabemos si Malina está lista.
La idea de que su madre recordara la conversación que habían tenido hizo que su pecho se calentara. Sin embargo, negándose a mostrarse como la niña traumatizada después de la desaparición de su hermanito, empujó esos sentimientos y se enojó con la simple idea de que su madre pensara que era débil.
—Yo creo que no debería perder ni un año más. No estará en el mismo grado que Isabella, pero estarán juntas en la escuela, y estoy seguro de que eso bastará para que mi niña se mantenga fuerte —Daniel dirigió su mirada hacia ella—. ¿No es así? —Malina asintió.
—Me siento preparada. No quiero que me traten como si ir a la escuela fuera lo peor para mí —su voz tembló ligeramente; sin embargo, trató de que eso no se notara.
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Pequeñas Criaturas
Mystery / ThrillerEn un regreso enigmático al hogar que una vez conoció, Malina despierta los recuerdos ocultos de una tragedia que destruyó su familia y dejó su corazón sumido en la oscuridad. Las sombras del pasado acechan cada rincón, atormentándola con su persist...
