Capítulo 29

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Las estrellas se veían más resplandecientes que cualquier otra noche. Malina no entendía si aquel hecho era certero o fruto de su imaginación, dado que se sentía tan serena y en paz, a pesar del torbellino de acontecimientos que había sacudido la mañana.

Pasó toda la tarde reflexionando sobre su enfrentamiento con Jessica. Le había prometido a su madre encontrar un equilibrio entre lo que había sentido y lo que había estado mal, reconociendo que sus acciones no fueron las correctas. Sin embargo, lo más sorprendente fue darse cuenta de que ya no le aterraba enfrentar la realidad de lo que había hecho; en cambio, experimentaba una extraña satisfacción al recordar el momento en que Jessica estaba en sus manos.

Los pensamientos sobre Jessica se desvanecían en la penumbra de la noche. Las delicadas manos de Isabella, al deslizarse suavemente por su cabello, la sumían en un estado de hipnosis. Los dedos de la morena, que recorrían sus mechones con delicadeza, la hacían sentir una fascinación profunda.

—Sigo pensando que no es justo —reprochó Isabella, mientras Malina imaginaba el rostro de la chica haciendo un puchero—. Daniel fue tan insensible. ¿Debería ponerle tinte a su shampoo? —Malina rió genuinamente al imaginar a su padre con el cabello de cualquier otro color diferente al negro que poseía.

Estaban en la casa del árbol. Isabella estaba sentada, mientras Malina se recostaba entre sus piernas, contemplando las estrellas. Aunque las primeras horas de la mañana la habían dejado furiosa y enojada, ahora, con los mimos de Isabella y su reconfortante presencia, sentía que el mar de sus emociones se había calmado.

—Hacer eso nos dejaría castigadas a las dos.

—Pero nos daría cierto grado de satisfacción —confabuló Isabella—. Además, ¿con qué podría castigarnos? ¿No poder salir de casa? Para mí no sería un castigo, te tendría todo el tiempo conmigo.

Malina, aún recostada sobre sus piernas dejó de contemplar las estrellas y miró a Isabella. El suave murmullo del viento acariciaba sus cabellos, creando una atmósfera íntima y serena. De repente, Isabella se inclinó hacia adelante con una sonrisa juguetona, su rostro casi tocando el de Malina. Con un gesto delicado pero lleno de intención, se acercó lentamente. La postura de Isabella, sentada con las piernas extendidas, permitió que sus cuerpos se inclinaran en un ángulo perfecto para ese momento especial.

El beso comenzó con una suavidad delicada, un roce de labios que transmitía ternura y cercanía. Isabella besó a Malina con una dulzura casi etérea, sus labios se encontraban en un toque ligero que despertaba una sensación reconfortante y mágica. Malina sintió la calidez del beso y se dejó llevar por el momento, envuelta en una sensación de calma y afecto.

A medida que la ternura se convertía en pasión, el beso se profundizó. Isabella intensificó el contacto, sus labios se presionaban con más firmeza y exploración. Malina respondió con una entrega ardiente, sus labios se entrelazaban con los de Isabella en una danza que se volvía más apasionada. La suavidad inicial se transformó en un intercambio lleno de deseo y emoción, llenando el instante con una conexión profunda y vibrante.

Se separaron momentáneamente, jadeando por la falta de aire. Malina, que había estado recostada sobre las piernas de Isabella, se reincorporó con una agilidad inesperada y avanzó hacia ella con una mezcla de determinación y anhelo. Con un gesto decidido, tomó a Isabella por la nuca, atrayéndola hacia un beso que rebosaba de una intensidad y pasión que sorprendió a ambas.

Isabella, deslumbrada por el fervor de Malina, sonrió en medio del beso. Su respuesta era igualmente ardiente, sus labios se encontraban con una energía vibrante y ardorosa que les hacía difícil detenerse.

— ¿Te quedas esta noche en mi habitación? —murmuró Malina entre besos, su voz impregnada de ternura y deseo. Isabella, renuente a separarse de ella, pronunció un débil "sí" mientras su rostro se iluminaba con una sonrisa de felicidad.

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