Alcohol y periodistas (Ainhoa)

570 34 7
                                        

Sinceramente, no sé a qué hora de la noche empecé a beber. Solo sé que llevaba demasiado tiempo dando vueltas en la cama, y todo por culpa de Hugo.

A pesar de mi charla con Luz, del alivio y de la carga que me había quitado encima, seguía teniendo una espinita clavada. El dolor que me hizo, fuera físico o mental, todavía estaba ahí, y cada vez que lo recordaba me azotaba como un tsunami.

Intenté evitar beber a toda costa. Pero fue misión imposible. Es irónico pensar cómo lo que nos unió, me hace olvidarme de él.

- ¡Ainhoa! -¿estoy soñando o esa es Luz?-. ¡AINHOA! -definitivamente es Luz.

- ¿Qué pasa? -pregunto medio dormida.

- Que te has quedado dormida.

- ¿Pero qué hora es? -vaya, para mi desgracia Paolo también está aquí-. ¿Cómo habéis entrado? -cuestiono. Parece que después de ayer, Luz ha cogido la confianza suficiente para venir a despertarme...

- No importa. Te están esperando abajo los fotógrafos, los reporteros, todos. -aish, cállate Paolo.

- Pero que... A ver. Me da igual. Por favor. No sé quién os pensáis que sois. Sobre todo tú, Luz.

- Pero qué jeta. Si eres tú la que está aquí durmiendo la mona. -ayer estaba llorando en mis brazos y ahora tiene las santas narices de regañarme como si fuese una niña pequeña.

- Iros, iros, iros.

- Sí, si. Nos vamos. Ya sabrás tú lo que haces. -rebate. Parece que el cachorillo Lasierra y su perro guardián están de vuelta...

Sin siquiera pararme a pensar en la resaca me levanto rápidamente de la cama. Tan rápidamente que casi le doy un beso de buenos días al suelo. Renqueante, dirijo mis pasos al baño para darme una ducha y despejar cualquier rastro de alcohol que pueda quedar en mi cuerpo.

A la media hora y sin saber cómo, entro en la cocina.

- Buenos días. -fantástico, el alcalde está aquí.

- Ya estás aquí, menos mal. Ainhoa, les encanta el cóctel, pero claro, quieren hacerte unas preguntitas y unas fotos. -lo que me faltaba. Resaca, dolor de cabeza, cara de zombie, preguntas y fotos, la combinación perfecta.

- Qué buena noticia. -mentira, es un dolor en el culo.

- Va, va, va. -insta mientras se va.

Salgo de la cocina y voy al restaurante, donde me esperan, por lo menos, cinco reporteros con sus respectivas grabadoras y libretitas. Respondo las preguntas de rigor y vuelvo dentro. Al fin y al cabo, y aunque haya llegado tarde, algo podré hacer.

- Esa tarta tiene que salir ya de ya. -grito.

- Y ahora esta tía tiene prisa, ¿no? -susurra Luz entre dientes.

- ¿Algo que compartir con nosotros, Luz?

- Pues mira, sí. Que la tarta no está lista y si hubieras venido un poquito más despierta te habrías dado cuenta. -tendrá narices.

- ¿Cómo? ¿Qué has dicho?

- Lo que has oído.

- Mira... -una arcada repentina me hace tragarme mis palabras y correr al baño, lugar en el que todo parece fluir.

Tras un corto pero intenso encuentro con la taza del váter, regreso a la cocina, donde parece que todos están listos para recoger e irse.

- Chicos, aún no os vayáis. Tengo que hablar con vosotros. -anuncio-. Hoy no he tenido un buen día, pero es una excepción. A veces pasan estas cosas, ¿no? No obstante, no voy a tolerar que se me falte al respeto en mi cocina. Como vuelva a ocurrir no me va a temblar el pulso. Y me da exactamente igual de quién sea el apellido.

- ¡Maravilla! Maravilla Ainhoa, de verdad. O sea... Estos señores te quieren hacer la última foto para ilustrar el artículo. -Arturo, hijo mío, eres de un oportuno...

- Pero si hemos hecho un montón en la sala.

- Ya, pero quieren hacer una aquí en tu cocina, en tu ambiente, en tu hábitat natural.

- Vale, pero grupal, que esto no hubiese sido posible sin ellos. Venga, todos juntos. Acercaros. Luz y Paolo en el medio, que no hubiese sido posible sin ellos. Venga, un aplauso. -agarro a Luz de la cintura y la pego a mi. De reojo veo como se le han subido los colores al escanearme la cara.

- Luz, antes de irte ven al almacén que quiero hablar contigo. -susurro cuando el abrazo para la foto parece estar empezando a deshacerse.

Los fotógrafos y el alcalde se van, así que el equipo empieza a recoger. A los 10 minutos todo está limpio como una patena.

- Paolo, vete a casa. Ainhoa quiere hablar conmigo y nos llevará un rato.

- No te entiendo, Luz, de verdad. Hace 3 horas poco más y te le echas a la yugular, y ahora quieres hablar con ella.

- Mira Paolo, vete. -ahora también soy el tema de discusión de la parejita. Otra cosa más que añadir a las cosas que se me dan bien.

- Ey. Lo siento. No quería causar problemas entre Paolo y tú.

- Ainhoa, qué susto. ¿Qué escuchaste?

- Todo. Pero da igual, ya estoy acostumbrada a esa clase de comentarios. -el silencio se instala entre nosotras, algo que ya parece ser costumbre-. Lo que quería decirte es que, si ayer te conté lo que conté, era para que confiaras en mi. Solo te pedí eso, confianza. Pero parece ser que ni con lo de anoche confías en mi. Así que te voy a aclarar una cosa: no soy la bruja que crees que soy, pero si quieres que lo sea, lo seré. -sin dejarla hablar, me largo de la cocina.

Al llegar a la habitación grito. Grito de rabia, de alivio, de dolor, de todo lo que llevo dentro.

Nunca voy a ser suficiente para nada ni para nadie. Ya me lo decía mi madre cuando era pequeña: "Ainhoa, eres una inútil", "Ainhoa, no vales para nada", "Ainhoa, nadie nunca te va a querer". Pues resulta que al final, todo lo que decía y me negaba a creer, va a ser verdad. 

Todo lo que no nos dijimos | LuznhoaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora