Sudaderas y calcetines gorditos (Ainhoa)

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28 años de novios, 23 de casados, un hogar y dos hijos. Y ahora, una infidelidad. Una infidelidad que está en boca de todo el pueblo porque, claro, ¿quién iba a esperar que Silvia Lasierra Vázquez, hija mayor de Ricardo Lasierra y Rita Vázquez, dos de los personajes más ilustres de todo Vera, fuera a ponerle los cuernos al sargento Romaña? Muchos dirán que todo está en los genes, otros que fue un error. Pero las infidelidades ni tienen que ver con la genética, ni son errores. Achacar la deslealtad a cualquiera de las dos cosas no es más que el fruto de una sociedad acostumbrada a ello. Y si no, que me lo digan a mi: casada, maltratada y cornuda. ¿Que de las tres cosas, esa era la que menos me importaba? Pues sí, ¿pero ellos? Más bien, ¿ella? Ella tenía y tiene todo lo que cualquier mujer u hombre puede esperar de un matrimonio: amor, respeto, comprensión y confianza. Y aún así, aún teniéndolo todo, decidió que acostarse con un completo desconocido era mucho mejor que volver a casa, cenar con su familia y dormir en los brazos de la persona a la que le dijo "hasta que la muerte nos separe". Porque no, yo, al igual que Luz, tampoco lo entiendo. Que le haya dicho que lo hablaran era para que lo hiciera, porque su madre es su madre y porque sino iba a seguir obcecada en discutir con ella hasta que le pidiera disculpas. De ahí a que de mi boca saliera un "fue un desliz, tampoco le des tantas vueltas", hay un trecho bien grande. La cosa es que el agua parece haber vuelto a su cauce. Eso o que a mi novia le han lavado el cerebro, porque la sonrisa con la que acaba de entrar en la cocina poco tiene que ver con la pataleta de ayer.

- Buenos días compis. -anuncia-. Hola Nhoa... -susurra cuando pasa a mi lado para coger el delantal.

- Hola Lu. -digo de vuelta-. ¿Qué tal anoche?

- ¿Qué pasó anoche? -pregunta Paolo.

- Paolo, a lo...

- No te preocupes, jefa. -dice interrumpiéndome-. Que celebramos el cumpleaños de mi abuela. Y que Ainhoa y yo estamos juntas. Oficialmente. No es que sea nada nuevo, porque si no lo sabíais, al menos lo sospechábais. Así que eso. -suelta como si nada.

- Me alegro por ustedes... -afirma el colombiano.

- Luz, ven conmigo por favor.

- ¿Ahora? Justo me iba a...

- Ahora.

- ¡A ver lo que hacéis, parejita! -grita Pedro.

- No te pongas celoso, tonto, que siempre vas a ser mi primera opción. -responde Luz.

- Mira, me encanta el buen rollismo que tenéis en la cocina y que seáis como una familia. -digo una vez fuera-. Pero no creo que haya sido ni el momento ni el lugar para decir que estamos juntas.

- ¿Te ha molestado? -pregunta inocente.

- Sí y no. Porque yo soy la primera que quiere gritar a los cuatros vientos que estoy contigo, solo que no lo hubiera hecho de la manera en la que lo acabas de hacer tú.

- ¿Quieres gritar a los cuatro vientos que estás conmigo? -asiento.

- La cosa es que te has equivocado al hacerlo aquí, con el servicio a punto de empezar y el restaurante lleno de camareros. Que no es que me importe, porque se va a acabar sabiendo, y mejor que lo sepan por nosotras que no por alguien más. Pero, ¿has visto a Paolo? -niega-. Pues poco más y se clava el cuchillo, Luz. ¿Y sabes por qué? Porque sigue sintiendo cosas por ti. Y tal vez, y solo tal vez, deberías haberlo hablado primero con él.

- Ya... Lo siento.

- No es a mi a quien tienes que pedir perdón. -asiente repetidamente y fija su mirada en mi-. ¿Qué?

- ¿Estás dejando de fumar?

- Sí.

- ¿Y eso por qué?

Todo lo que no nos dijimos | LuznhoaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora