***Raphael***
No puedo borrar mi sonrisa cuando recuerdo lo que pasó ayer entre Seraphine y yo. Quién diría que ella se entregaría a mí así, y sin restricciones. Ella es más de lo que imaginaba, es dulce, delicada, cariñosa, pero a la vez una diosa en forma de mujer. Nunca pensé que fuera tan desinhibida cuando se entrega, y cómo lo hace. Escuchar de su boca para follarla más fuerte rompió mi ser. Es la primera vez que tengo sexo con una mujer mayor y, sinceramente, ha sido lo mejor que he tenido hasta ahora.
—Alguien se ha perdido en Marte y necesita volver a la tierra.
—¿Por qué me molestas, Héctor?
—Quien me está molestando, eres tú con tu sonrisa de tonto enamorado. ¿Quién es ella conejito? ¿Quién es la mujer que está domando al gran Raphael Bernard? —Comenta Héctor mirando por el retrovisor.
—Deberías estar más pendiente del camino que de mi sonrisa. Y la mujer que me domará está por nacer. —Le respondo a Héctor porque esto es cierto. Puedes llamarme un poco machista, pero nadie me controla. Incluso mis padres no pueden hacer eso. Para qué atarme a alguien si puedo ser libre teniéndolos a todos.
—¿Ahora me vas a decir por qué cambiamos de auto si no te gusta mucho conducir ese y hasta estás pensando en venderlo?
—Cambié de opinión. —comento. Y como no cambiar, si aún huelo a bella dama por aquí—. Me empezó a gustar más y ahora creo que es uno de mis autos favoritos.
—¿Qué te pasa conejito? ¿Estás enfermo? ¿Siempre me dejaste muy claro que este auto no es de tu agrado, tanto te quejabas y ahora me vienes a decir que es uno de tus favoritos? Por favor, que alguien traiga a Raphael Bernard de vuelta a la tierra. —Empiezo a reírme de lo que dice Héctor.
—Héctor ya se ha decidido. —Después de unos minutos acabamos de llegar a la casa de mis padres porque quiero almorzar con mi abuela y saber cómo está. Por lo que me informó mi padre, él no viene a la casa a almorzar, así que asumo que además de mi abuela están mi madre y mi tía Daiane.
Entro a la casa y veo a mi querida abuela sentada en la sala de estar con su enfermera viendo la televisión.
—¿Adivina con quién hoy va a almorzar contigo?
—Mi hermoso nieto. —Responde y se levanta para abrazarme dejándome un beso en la frente. Todavía recuerdo cuando era un niño y ella corría detrás de mí para tomar una ducha.
—Abuela, ¿cómo has estado estos días?
—Ya sabes que la edad llega para todos Raphael. Y ya me ha empezado a cobrar la cuenta.
—No digas eso abuela, aún te queda mucho por vivir. Y sabes que tienes la misión de conocer a mis hijos. —Y ella abre los ojos sin pestañear.
—¿Ya tienes novia? ¿Quién es ella? ¿Y cuándo voy a conocer ella?
—Por Dios, viejita hermosa, tómatelo con calma. No, todavía no tengo novia, pero conocí a una mujer que me está dejando cada vez más encantado.
—Mi nieto, me empieza a gustar esta mujer aun sin conocerla. —Mi abuela comenta y me deja intrigado. —¿Por qué eso?
—Porque para que tus ojos brillen así, debe ser una mujer muy especial. Estás enamorado Rafael. —Ahora mi abuela delira. Una cosa es para mí estar encantado, y otra muy distinta para mí estar enamorado.
—No vieja, eso no.
—Así es conejito. Estás enamorado, pero no quieres admitirlo. —Cuando quise responder sucedió lo inesperado. Mi madre entró en la sala con el trío de odiosa y amargada. La próxima vez le pediré a Héctor que lleve a mi abuela a mi departamento para almorzar en paz y tranquilidad.
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Madame LeBlanc
RomanceSeraphine LeBlanc, distinguida ejecutiva financiera de 41 años, ha prometido no volver a enamorarse tras la dolorosa pérdida de su esposo. Sin embargo, el destino suele tener giros inesperados y la lleva a cruzarse con Raphael Bernard, un hombre eni...
