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Capítulo 20

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***Raphael***

Tan pronto como entramos en mi apartamento, sin dudarlo, tomo los labios de Seraphine en un beso ardiente, saboreando la sensación de tenerla tan cerca. Con un movimiento rápido de los pies, empujo la puerta para cerrarla, produciendo un ruido que resuena por el salón silencioso.

Los segundos que siguen parecen suspendidos en el tiempo. Las luces difusas de la ciudad entran por la ventana, iluminando la escena de dos corazones que laten al unísono. Cada toque, cada respiración parece llevar el peso de mil palabras no dichas.

Las manos de Seraphine se deslizan por mis costados mientras la acerco, reduciendo cualquier espacio vacío entre nosotros. Su aliento se mezcla con el mío y, por un momento, el mundo exterior ya no existe.

Hay un leve aroma de su perfume en el aire, una mezcla dulce y sutil que me recuerda a las flores en plena primavera. Este olor se mezcla con el olor familiar de mi apartamento, creando una esencia única que solamente podría existir aquí y ahora.

Su ritmo cardíaco se acelera, al igual que el mío, y puedo sentir la pasión creciente, un calor que parece arder entre nosotros. Nuestras lenguas bailan juntas, explorando y descubriendo, mientras nuestras manos siguen recorriendo caminos desconocidos.

Me alejo un poco, lo suficiente para mirarlo a los ojos. Brillan con una intensidad que nunca había visto, llenos de deseo, confianza y un toque de picardía. Su mirada es profunda, como si quisiera revelarme todos los secretos del universo en un solo instante.

Sonriendo, me susurra algo al oído. Son palabras suaves y afectuosas, que calientan mi corazón y reavivan el deseo que se ha instalado en nuestro interior. Con un suspiro, la acerco, ansioso por seguir explorando esta conexión que ha surgido tan repentina e intensamente entre nosotros.

Lentamente, le desabrocho el vestido, permitiendo que la pieza caiga suavemente por su esbelto cuerpo, confirmando las palabras que había compartido conmigo antes.

—Entonces es cierto que no había nada debajo del vestido. —Pregunto y me alejo detallándola de pies a cabeza. Mi mujer es una obra de arte tentadora, lo que veo es la vista más sexy que he visto en toda mi existencia. Seraphine desnuda, con tacones y con estas joyas de zafiros que contrastan con su piel canela.

Ella levanta una ceja desafiante, con un atisbo de sonrisa jugando en sus labios.

—A veces, —empieza dando un paso adelante— la ausencia es más provocativa que la presencia.

Cada movimiento que hace Seraphine está cargado de intención. Incluso en su vulnerabilidad, hay fuerza en su mirada, como si estuviera a cargo de cada momento entre nosotros. Y esta noche estoy más que dispuesto a rendirme a esa dinámica.

—Siempre has sido un observador astuto. —Murmura, con un tono ligeramente juguetón, mientras da vueltas a mi alrededor. Puedo sentir la calidez de tu presencia, la electricidad en el aire.

—No es difícil notar cuando algo tan tentador está ante mis ojos. —Respondo, mi voz llena de admiración y deseo.

Se detiene frente a mí, sus ojos brillan con una mezcla de picardía y desafío.

—Bueno —suspira tocando ligeramente la tela de mi traje—, tal vez deberías acercarte y disfrutar de tu bella novia.

Al escuchar estas palabras no puedo evitar besarla nuevamente de manera desesperada, acariciando todo su cuerpo. Muevo mi mano hacia abajo hasta llegar a su coño húmedo y cálido.

—Madame LeBlanc ¿aún no te he penetrado y ya estás mojada? Esto significa que tu cuerpo ya me reconoce como su dueño, y sabe que soy el único que te pone así. —Ella no responde y solo murmura.

Madame LeBlancHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora