***Raphael***
Meses después
—Seraphine, cálmate que en pocos minutos llegaremos al hospital.
—Raphael, ya me había olvidado de lo que es sentir dolor de parto. El dolor es inmenso. —Afirma angustiada, apretando mi mano con bastante fuerza mientras las contracciones se intensificaban.
El auto aceleraba por las calles oscuras de París, la única luz provenía de los faros que cortaban la oscuridad de la noche. El tenso silencio solo era interrumpido por el sonido de los neumáticos contra el asfalto y por los gemidos de Seraphine, quien luchaba contra el dolor que se apoderaba de su cuerpo. Fue justo en la madrugada cuando nuestros hijos decidieron que ya era hora de venir al mundo.
Intento mantener la calma, respirando profundamente para transmitirle tranquilidad. Mi corazón late descontroladamente en mi pecho, preocupado por la seguridad de Seraphine y de los bebés que estaba a punto de nacer. La miro viendo el sudor correr por su frente, los ojos cerrados en agonía.
—Estamos casi allí, mi amor. Estás siendo increíble. —Comento, tratando de reconfortarla.
Seraphine asiente con dificultad, tratando de concentrarse en mi voz reconfortante mientras las contracciones llegan en oleadas cada vez más fuertes y frecuentes. Menos mal que Natalie hoy durmió en casa, así ella se encarga de Gabriel y Maya que están durmiendo. Antes de salir, pude hablar con Charlotte, Heloise y Marta, y supongo que ya deben estar camino al hospital.
—¡Ahhh! —Seraphine grita nuevamente de dolor, y ya no sé cómo calmarla, porque también me encuentro desconcertado. Debería haber asistido a clases para padres primerizos.
El tiempo parecía estirarse infinitamente, cada segundo una eternidad de angustia e incertidumbre. Sin embargo, finalmente, las luces del hospital aparecieron en el horizonte, como un faro de esperanza en medio de la oscuridad de la noche.
—¡Hemos llegado, mi amor! —Exclamé aliviado, mientras el guardia de seguridad estacionaba el auto rápidamente frente a la entrada de emergencia del hospital.
Un equipo de enfermeros ya nos esperaba. Bajo primero para abrir la puerta del lado en el que se encuentra ella. Los enfermeros la ayudan a bajar y la colocan en una silla de ruedas para llevarla rápidamente adentro, mientras intento seguir el ritmo frenético del equipo médico, manteniéndome al lado de mi esposa en cada paso del camino.
—¡Raphael!
Escucho la voz de Marta llamándome, miro por encima del hombro y la veo corriendo hacia nosotros con su esposo y Heloise. Llegamos a la habitación reservada para ella y las enfermeras cambian su ropa por una bata. Mi bella dama apenas puede pronunciar unas simples palabras, ya que los gritos de dolor son fuertes. Una vez lista, la colocan en la camilla y caminamos rápidamente hacia la sala de partos.
Cuando llegamos, las enfermeras la llevan adentro mientras yo me quedo afuera, escuchando cómo será todo el proceso de cesárea, y debo mantenerme junto a ella transmitiendo el mayor apoyo posible. Debido a la edad de Seraphine, la médica nos aconsejó que por razones de seguridad, lo mejor sería una cesárea para el nacimiento de los gemelos.
Finalmente, entro, encontrándola ya acostada en la cama de parto, con un campo quirúrgico. Saludo a su médica y a Charlotte, que aunque no es de este campo, hizo hincapié en estar presente con nosotros.
Mi corazón latía fuertemente en mi pecho, mientras me esforzaba por mantener la calma y transmitir todo el apoyo posible a mi flor del desierto. Mientras el equipo médico se preparaba para comenzar la cesárea, me senté a su lado sosteniendo su mano con ternura.
ESTÁS LEYENDO
Madame LeBlanc
RomanceSeraphine LeBlanc, distinguida ejecutiva financiera de 41 años, ha prometido no volver a enamorarse tras la dolorosa pérdida de su esposo. Sin embargo, el destino suele tener giros inesperados y la lleva a cruzarse con Raphael Bernard, un hombre eni...
