***Raphael***
—¡Raphael!
El sonido de su voz me paraliza por un instante. Me giro para encontrar a Seraphine de pie en el umbral de mi puerta. Su aparición, tan inesperada y a la vez tan deseada, me toma por sorpresa. Aunque opté por darle espacio, su ausencia y el inquietante silencio entre nosotros estaban pesando en mi alma, tentándome a ir en su búsqueda. Pero, aquí estaba ella, posiblemente con una respuesta a todas mis preguntas.
—Por favor, entra. —Le invito, haciendo un gesto hacia el interior de mi departamento.
—Gracias. —Ella asiente con un ligero rubor en las mejillas y cruza el umbral, mientras yo cierro la puerta tras ella. Una sensación familiar, similar a las mariposas revoloteando, llena mi estómago. Parece absurdo, pero me siento como un adolescente ansioso antes de una primera cita.
El silencio entre nosotros es palpable, cargado de tensión y expectación. Nos miramos, buscando las palabras adecuadas, pero ninguna parece surgir.
—Seraphine. —Raphael. —Las esquinas de nuestros labios se curvan en sonrisas al darnos cuenta de que ambos hemos roto el silencio al unísono.
—Honestamente, no te esperaba aquí, sin embargo, me alegra que hayas venido.
Ella desvía su mirada por un momento, como si buscara valor en el suelo antes de responder. —Si estás ocupado o... si tienes compañía, puedo regresar otro día. —Su voz tiene un matiz de incertidumbre.
La idea de que pudiera pensar que había alguien más conmigo me hace sonreír. —No hay nadie más, Seraphine. Solo tú. Y siempre serás bienvenida aquí.
—Raphael, acepto. —Mis oídos apenas pueden creer lo que acaban de escuchar. Los latidos de mi corazón retumban con fuerza, y durante unos instantes, todo parece detenerse. Necesito escucharla, decirlo otra vez, para confirmar que no es solo un sueño.
—¿Qué... qué acabas de decir? —Logro articular, intentando mantener la calma, pero mi voz delata la emoción que siento.
La luz en sus ojos brilla con determinación y diversión. —Acepto ser tu novia, Raphael, a pesar de que aún eres un «proyecto de hombre». —Replica, usando esa frase burlona que a menudo utiliza para referirse a mí.
El alivio y la alegría me inundan de manera avasalladora. Sin pensarlo dos veces, la tomo en mis brazos, levantándola en el aire y dando vueltas con ella, sumidos en un torbellino de risas y emoción. Puedo sentir la calidez de su risa resonando contra mi pecho, y por un instante, el mundo exterior desaparece. Solo estamos ella y yo, celebrando este nuevo capítulo en nuestras vidas.
—¿Dime que no estoy soñando con Seraphine? Pellízcame para ver si me despierto. —Digo eso y recibo un pellizco en las mejillas.
—Ahora te lo crees proyecto de un hombre.
—Ahora sí, creo, bella dama. —La pongo en el piso y es ella quien me asalta mi boca de manera necesitada.
Nos besamos como dos locos y siento sus manos en mi pelo, mientras levanto una de sus piernas para empezar a acariciarlo. Profundizamos el beso de manera demandante y exigente, haciéndola dar pequeños gemidos. Nos separamos y trazo sus cejas con mi dedo y ella baja sus manos a mi trasero, mientras nuestras respiraciones se mezclan, ambas pesadas y entrecortadas. Sus ojos, vidriosos y llenos de pasión, se clavan en los míos, reflejando el torbellino de emociones que ambos sentimos.
—Raphael... —Susurra, su voz cargada de un deseo y cariño que no puede esconder.
—No sabes lo feliz que me haces Seraphine.
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Madame LeBlanc
RomanceSeraphine LeBlanc, distinguida ejecutiva financiera de 41 años, ha prometido no volver a enamorarse tras la dolorosa pérdida de su esposo. Sin embargo, el destino suele tener giros inesperados y la lleva a cruzarse con Raphael Bernard, un hombre eni...
