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Capítulo 5

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***Seraphine***

—Madame, su peluquero y la maquilladora ya han llegado y la están esperando en el estudio.

Oigo la voz de Natalie detrás de la puerta mientras termino de ducharme para comenzar a prepararme para este baile al que voy contra mi voluntad.

—Muchas gracias, Natalie. Diles que ya vengo.

Acabé retrasando la ducha porque hoy me dolía mucho la barriga por el exceso de dulces que comí ayer. Me puse mi crema corporal suavizante, uso la lencería negra hermosamente sexy que me ofreció Marta. Bueno, solo porque sea viuda no significa que no pueda usar ropa interior sexy. Me gusta usar este tipo de ropa interior para poder apreciar mi hermoso cuerpo porque no tengo un hombre que lo haga. Me pongo la bata y voy para que Tierry y Simone puedan cuidar mi belleza.

—Perdón por la demora, pero no quieren saber qué pasó.

—No se preocupe Madame, ahora siéntese porque necesitamos dejarla muy hermosa como la diosa del río Nilo.

—Tierry no sea exagerado.

—¿Exagerado yo Madame? Usted es la mismísima Cleopatra o mejor la Reina de Sabá en su esplendor, pero dejemos de hablar y vayamos a lo que realmente importa.

Mientras Tierry se encarga de mi cabello, Simone prepara el material para mi maquillaje. Me gusta y prefiero el maquillaje nude que creo que combina con mi tono de piel. Tierry ha sido mi peluquero por más de 11 años y es un poco boca de bolsa, siempre está al día de todos los chismes, no se pierde ninguno. Una vez que Tierry terminó, me hizo un peinado, quería recoger mi cabello hacia atrás y dejar algunos mechones sueltos. Y en mi maquillaje lo único que destaca es el labial rojo, tal y como a mí me gusta, sin exagerar.

—Muchas gracias a los dos, de verdad me dejaste como una diosa.

—¿Ahora está de acuerdo conmigo, Madame? —Cómo no estar de acuerdo Tierry.

—¿Simone, todavía tienes que ir a Charlotte o enviaste a alguien más?

—Mi colega está a cargo de ella, no te preocupes.

—Cierto. Ahora tengo que ir a terminar de vestirme. Ponte cómodo y los niños los esperan en el salón. Y Tierry, sabes perfectamente que Gabriel no ha olvidado su promesa. —Vaya, ahora se me va a aparecer el fantasma de Louis LeBlanc porque se me acabó olvidando. Tendré que ver esto lo antes posible.

—Es mejor antes de que Gabriel te mande dos metros bajo tierra con la ayuda de Maya.

Salgo del estudio a toda prisa para ir a vestirme e ir directo al Baile. Llevo un vestido largo negro con un hombro en el lado derecho y una raja un poco extravagante por encima de la rodilla en la pierna izquierda de la estilista Monique Lhuillier, tacones y bolso del mismo color, combinado con pendientes largos y pulsera en oro blanco y Esmeralda. Bajo las escaleras y veo cómo mis hijos me miran.

—¿Mamá eres tú? Qué hermosa te ves. —Comenta Gabriel

—¿Tierry y Simone fueron ustedes los que obraron este milagro en Madame LeBlanc? —Comenta Maya.

—¿Hija, me estás llamando fea? —Hago unos pucheros fingiendo indignación ante las palabras de Maya

—No es eso Madame LeBlanc, es que casi nunca la vemos vestida tan elegantemente y todos nos echamos a reír.

—Mamá, serás la envidia de todos en este baile. —Agrega Gabriel.

—Muchas gracias por los cumplidos niños, pero ahora me tengo que ir. Natalie los cuida muy bien y no los deja irse a la cama después de las nueve y media.

Madame LeBlancHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora