***Seraphine***
Abro los ojos y veo que Raphael sigue durmiendo profundamente. Mi proyecto de hombre es tan guapo. Fue increíble lo que nos pasó en la noche y en la madrugada, fue una sesión tras otra haciendo el amor hasta agotar nuestras fuerzas. Fue maravilloso, estuvo bueno, y en pocas palabras lo fue todo. Me sentí amada y satisfecha como no me sentía. Raphael me hizo sentir viva de nuevo. Estoy tan feliz que tengo miedo de despertarme y descubrir que todo fue un sueño. Me levanto en silencio para no despertarlo, le pongo el camisón y bajo a la cocina a preparar algo de comida porque ya tengo hambre y creo que cuando se despierte él también.
Empiezo a observar su apartamento con esta magnífica vista. Voy a la cocina y estoy aún más encantada de ver todo tan bien organizado y perfecto. Camino de un lado a otro haciendo un escaneo completo para comenzar a cocinar. Abro la nevera y está completamente llena, saco lo que me interesa, pongo música y bailo mientras cocino. Al rato siento a mi proyecto de hombre abrazándome por detrás y dejándome un beso en la cabeza.
—Si me despierto y te encuentro vestida con mi camisón y cocinando, haré que te trasladen aquí de inmediato. ¿Por qué no me despertaste?
—Dormías tan plácidamente que no quería estropearte el sueño.
—¿Qué preparas? —susurra Raphael, su aliento cálido acariciando mi oído. El aroma de lo que estoy cocinando parece haberlo atraído desde la habitación. Sonrío sin girarme.
—Un pequeño almuerzo para reponer energías después de la maratón de anoche. —Él suelta una risa suave y aprieta ligeramente mi cintura
—Olor delicioso. —Comenta él.
—Estoy haciendo espaguetis a la boloñesa para los dos. Para el hambre que siento y lo más práctico. Ahora déjame para que pueda terminar de cocinar.
—Puedes continuar mientras te sigo abrazando.
—No. —Me alejo de él y lo guío hacia la mesa para que se siente. Pasados unos minutos sirvo la comida y empezamos a comer acompañados de uno de los mejores vinos franceses.
—¿Qué tal? —Le pregunto.
—Delicioso, mi amor. —Responde ofreciéndome una sonrisa. Seguimos comiendo sin despegar los ojos mientras reíamos, hablábamos de tonterías, Raphael me contaba más sobre su loca vida y hasta de una Sabine.
Tomando un sorbo de vino, levanté una ceja curiosamente hacia él. —¿Sabine? ¿Y quién es ella exactamente en tu vida?
Él soltó un suspiro, pasándose la mano por el cabello antes de responder. —Ella era... bueno, supongo que podrías decir que éramos amigos con derecho en algún momento. Pero las cosas cambiaron. Ella quería más, y yo no podía darle eso. Desde entonces, ha sido un poco... intensa en su acercamiento.
Rodé los ojos con diversión. —Oh, entonces es esa clase de mujer. La que no acepta un no por respuesta.
Raphael asintió. —Exactamente. Pero, Seraphine, quiero que sepas que no significa nada para mí. De hecho, te conté sobre ella porque quiero que sepas la verdad y porque confío en ti.
Sentí un calor en mi pecho ante sus palabras. Estaba claro que ambos estábamos abriendo nuestros corazones y siendo honestos el uno con el otro. Pero, aun así, la mención de Sabine dejó un pequeño sentimiento incómodo en mí, parece estar obsesionada con él. No la conozco, no obstante, ya siento cierta rabia porque sé muy bien lo que es capaz de hacer ese tipo de mujeres cuando no consiguen lo que quieren.
—Solo espero que ella entienda y respete nuestra relación. —Murmuré, tomando su mano sobre la mesa.
Raphael apretó mi mano con cariño. —No te preocupes por Sabine. Estoy contigo ahora, y eso es todo lo que importa.
ESTÁS LEYENDO
Madame LeBlanc
RomansaSeraphine LeBlanc, distinguida ejecutiva financiera de 41 años, ha prometido no volver a enamorarse tras la dolorosa pérdida de su esposo. Sin embargo, el destino suele tener giros inesperados y la lleva a cruzarse con Raphael Bernard, un hombre eni...
