Nueve.

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"Primer Encuentro Sutil"


Cuando vine aquí me prometí tomarme las cosas con calma, porque ya tenía suficiente con mis pensamientos intrusivos y desastrosos, pero fue un completo fiasco. No sabía que vivir en la ciudad del amor me haría inmune al posible trauma de ser transportada a una fotografía por un fan obsesivo, convertirme en parte de un ejército de caballeros de metal por mi antiguo maestro de esgrima, esquivar los dibujos vivientes del tomate enojado e incluso huir de un bebé gigante.

- "¡UN BEBÉ GIGANTE!" - pienso con sorna, intentando calmarme, después de ver cómo anuncian a Riposte como el Akuma de la semana, dando a entender que la cronología que conocía está completamente mezclada, lo cual no ayuda mucho a mi cerebro.

- "Tranquilízate, no todos los casos son de alto riesgo, piensa en Juleka, ¿te divertiste usando los tacones, no? Calma, no te enfrentarás a un hombre lobo ni nada parecido" - me obligo a sonreír para que mi cuerpo reciba la señal de que todo está bien, mientras cruzo la calle hacia mi clase de taekwondo.

Veo a varios chicos con pañoletas verdes, moradas y amarillas neón amarradas en cualquier parte de su cuerpo, entregando panfletos a los adolescentes y familias que pasan caminando.

Curiosa, avanzo un poco más rápido hasta que me topo con uno que lleva la pañoleta amarrada en la cabeza. Me sonríe y me extiende el papel antes de seguir su camino.

Con el panfleto en mano, camino despacio mientras leo en letras verdes neón: "Competencia de Parkour", con la página para inscribirse y el jugoso premio para los top 10. Al parecer, es una forma de que el reelecto alcalde de París se acerque a la juventud.

- "¿Chloé habrá puesto mano en esto?" - pienso.

Sería divertido participar, y no pierdo nada intentando, pero seguramente ni siquiera pasaría de la inscripción, ya que gimnasia y parkour son muy distintos, y mis caídas suelen ser desastrosas.

Decido apartar ese pensamiento mientras doy una última mirada al papel antes de entrar al edificio, que está inusualmente silencioso; más tarde, vendrán niños después de la escuela para entrenar.

- "Seguramente llegué muy temprano" - murmuro.

Miro mi reloj para empezar a caminar cuando los quejidos y gritos de enojo me dirigen hacia el gimnasio privado, normalmente cerrado y vacío. Extrañada, me asomo por la puerta entreabierta y veo varios decorados asiáticos mientras un cuerpo se mueve en medio, golpeando un muñeco de práctica con un florete de esgrima.

Me acerco más y reconozco a Kagami Tsurugi entrenando arduamente, aunque su enojo hace que falle en flexionar las piernas, y sus movimientos al abalanzarse sobre el muñeco sean bruscos, como alguien golpeando una piñata.

Recuerdo que la familia Tsurugi es uno de los patrocinadores del Do Yang, junto con otras dos familias que no logro recordar en este momento.

- "Así que era obvio que Kagami tuviera su propio espacio para practicar esgrima, aunque enseñara taekwondo aquí" - pienso.

Aunque es raro, según escuché, ella casi nunca entrena aquí; generalmente lo hace en el gimnasio de su familia.

Mientras observo sus movimientos, algo en mi cabeza vibra, como si de repente se asomara por un largo pasillo para vislumbrar retazos de memoria de cuando este cuerpo era novato en esgrima, con pulsos nerviosos y fallando movimientos mientras el entrenador gritaba desde lejos.

- "Eso no es un recuerdo útil, cerebro" - reniego, deseando solo aprender sobre esgrima y no recordar dónde está el diario anterior de Socqueline.

De reencarnaciones, guardianes y otros problemas. Por Socqueline WangDonde viven las historias. Descúbrelo ahora