5. Una noche en Depstor.

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4.- Una noche en Depstor.

―No prendas la luz ―pidió Ximena cuando Damián se dirigía al interruptor―, la luz eléctrica me agobia.

―¿En serio? ¿Por qué? ―habló su curiosidad.

―No sé, siento que es muy intensa y brillante. Me gustan las luces tenues, sutiles, suaves ―explicó Ximena, sentada en el sofá―. Si me pasas mi maleta, ahí tengo algunas velas. Son muy cálidas.

―Parece que planeaste esto ―dijo el chico con una media sonrisa que entre la oscuridad lucía más tentadora― una noche juntos, solos, velas, todo.

―¡No seas payaso! Quien no se quiere ir porque "algo" va a pasar eres tú ―se rió a carcajadas―, ¿qué va a pasar? ¿Llegarán los ovnis y te raptaran si estas a fuera?

El chico medio sonrió y le pasó su mochila tratando de ocultar que el comentario lo había molestado.

―Bueno, más o menos ―se limitó a decir.

Trató de tener paciencia al saber que Ximena no tenía idea de lo que pasaba en aquél pueblo y lo mejor sería que continuara sin saberlo.

Por su lado, la chica fue a la cama y colocó la maleta en el colchón. Sacó de entre las cosas una pequeña pecera redonda envuelta en periódico, al desenvolverla se visualizó que contenía en su interior esferas diminutas de colores claros.

―Tráeme agua por favor ―pidió, desempacando otras cosas―. Tuvimos suerte que con tanto correr hayan sobrevivido.

Él así lo hizo, agradecido de escuchar la palabra "por favor" pero sin comprender del todo su petición. Cuando regresó, Ximena vertió el agua en la pecera y colocó cuatro velas raras encendidas adentro.

Tenían la forma de una flor y flotaban a la perfección en el agua. Con el cristal, la luz lucía mucho más e iluminó casi la mitad de la habitación.

La colocó en el buró al lado derecho de la cama. Sacó otra pecera y repitió el mismo procedimiento para colocarlo en el buró izquierdo.

La habitación se iluminó con tonos claros y luces tenues. Ximena sonrió.

―Wow, es hermoso ―murmuró Damián, reflejando sus pensamientos.

―Lo sé.

―¿Siempre duermes así?

―Cuando puedo ―pronunció lentamente con leves recuerdos en su memoria. Sacudió la cabeza― bueno, ya está.

―Si.

―Debes quitarte la ropa mojada ―aconsejó Ximena buscando entre su maleta―, te puedo prestar un short flojo que uso para dormir de vez en cuando. El resto de la ropa lávala y ponla a secar en el baño.

―Si mamá ―respondió Damián haciendo lo indicado―, me daré un buen baño, ¿no te molesta verdad?

―No. Pero date prisa ―respondió ocupada en las cosas de su maleta.

Damián entró al baño y Ximena se dedicó a esculcar entre sus pertenencias. En esa maleta llevaba lo fundamental; artículos de higiene personal, un botiquín pequeño de primeros auxilios, poca comida práctica, su libro favorito, objetos como las velas sin los cuales no podía vivir y por supuesto ropa.

En su bello auto dejó la otra maleta y dos mochilas, no las llevó al hotel por ser innecesario. Pero Ximena tenía consigo todas sus pertenencias. Antes de partir se había encargado de llevarse todo lo que necesitaba para hacer un viaje sin retorno.

Acomodó en la cómoda, la ropa que se pondría al amanecer para partir. Regresó a la cama y comenzó a guardar los demás objetos que eran innecesario tener afuera. Planeaba irse a las primeras horas del amanecer, pues no le gustaba viajar con el sol. Por lo anterior, dejó la mayor parte de sus cosas en la maleta.

Necesito irmeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora