29. Golpe en la realidad

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"Nos prometieron que los sueños podrían volverse realidad. Pero se les olvidó mencionar que las pesadillas también son sueños" ―Oscar Wilde.

Le costó trabajo incorporarse y poner en orden la lluvia de pensamientos que como el mismo apeiron causaban un caos en su cabeza

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Le costó trabajo incorporarse y poner en orden la lluvia de pensamientos que como el mismo apeiron causaban un caos en su cabeza.

Recapituló: Había caído en una especie de trance al ser atacada por los lobos después de que Cielo robara su gema. En dicho trance conoció a la hija de la bella Actaea, quien por cierto y al parecer; no era la buena del cuento. Los detalles adicionales, prefirió reprimirlos.

Después de vomitar una especie de líquido amarillo desde el fondo de su estómago, inspeccionó con temor su entorno.

Lo primero de lo que se percató fue del contenedor transparente en el que estaba encerrada. Quiso levantarse de golpe pero su cabeza la traicionó con un inmenso dolor que la tiró nuevamente al suelo.

Entreabrió los ojos con un la vista nublada y el cabello sobre su cara. A su derecha vio el rostro desenfocado de Damián, inconsciente. El corazón le dio un vuelco.

Las gotas de sudor frío comenzaron a deslizarse por su frente. Ésta vez se levantó con más calma. La oscuridad absorbía todo el lugar. Pero Ximena todavía podía percibir rasgos y sombras.

―Dam ―murmuró con su débil mano sudorosa en el cristal. El chico no respondió.

Se giró con una sensación tormentosa en el pecho. Se refugió en la esperanza y el control para mantenerse serena pero cuando se encontró a Irene bañada en un líquido rojo oscuro, el pánico más puro la consumió. Se vio desgarrando su garganta entre aullidos y rasguñando el cristal entre la más absoluta desesperación e impotencia. Pero estaba estática, temblando.

―Lo sien... tanto... Per...me... Amor... ―se lamentaba una voz vacía en el fondo.

Ximena levantó la mirada incrédula y enfocó a una chica destrozada en el suelo. Entonces, se percató de la leve niebla que decoraba la oscuridad. Controló su cuerpo para cesar el temblor y como pudo se sostuvo de pie.

―Cielo ―logró pronunciar con la voz ronca.

La rubia, que lloraba desconsoladamente, se giró despacio hasta que su mirada se cruzó con la de Ximena. Un escalofrío helado recorrió su columna vertebral.

Cielo tenía el rostro demacrado con leves indicios de cianosis. Su ropa estaba hecha trizas y su piel pálida.

―Per...name ―dijo en voz baja. Intentó levantarse pero sus piernas fallaron y cayó a un costado.

Ximena ahogó un grito cuando vio detrás de ella el cuerpo inerte de Hendrick. Se veía borroso por la niebla y los ojos cristalinos de Ximena, sin embargo su cabello y complexión era inconfundibles.

―Yo solo quería ayudar ―divagó Cielo, parecía ausente―. Ella necesitaba a su amor... Yo... Yo creí en ella...

―No... ―Gimoteó Ximena con un dolor en el pecho que obstruía su garganta.

Necesito irmeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora