— Si le dices algo te juro que a ti te va a ir peor. — con eso se levantó bien campante mientras hacía como que se acomodaba la ropa para irse. Yo me hice bolita bajo la atenta mirada de mi gemelo y de su compañera, traté de cubrir un poco el cuerpo y escondí el rostro entre mis piernas, avergonzado. — Terminaremos lo que empezamos mañana, Bill y Que gusto verte de nuevo, Tom.
— Bill, si vas a hacer tus cosas te rogaría que las hagas en tu habitación. — lentamente alcé la cabeza para mirarlo y quizás explicarle que no era lo que el pensaba pero ya no estaba. Solo su compañera mirandome con un poco de lástima.
— ¿Qué? — musité sin ganas. Miré como se sacaba su chaqueta y se acercaba con nervios.
— ¿Puedo? — asentí pausadamente. — Soy Hannah. — ella rodeaba su chaqueta en mi cuerpo y terminó por abrazarme. Recosté mi cabeza en su pecho mientras sollozaba.
— ¿Qué hora es? — miró en su pulsera e hizo cuentas.
— Mhmm, faltan cinco minutos para las diez.
— Gracias...
— ¿Quieres hablarlo?
— No, gracias.
— Perdona por lo que voy a decir, quizás suene un poco metiche de mi parte pero... parecía que no estabas de acuerdo con lo que ese tipo te estaba haciendo y si es así, vamos de una vez a la policía para levantar una demanda porque no tiene que obligarte a hacer algo que no quieres.
Quedé mudo, sin decirle nada. Obligué a mis piernas a levantarse e ir hasta la maleta para ponerme algo que no esté roto.
— Lo siento.
— Gracias, Hannah. — devolví su chaqueta a su respectiva dueña y saqué la maleta hasta el cajón del auto, como pude le subí para luego cerrar el cajón. Ella seguía de pie en el umbral de la puerta, así que solo la ignoré.
Saqué de mi bolsillo un cigarro para fumarlo antes de irme, eso me ayudaba a liberar un poco la tensión de mi cuerpo.
Hannah de nuevo se acercó hasta donde yo estaba, por cortesía le ofrecí de mi tabaco al cual ella lo recibió.— Tom se hizo un cambio de look para ti. — recibí el cigarro y le di una calada, expulsé el humo por los huecos de mi nariz. — Se ve atractivo, ¿por qué no vas a verlo?
— Porque ya tengo que irme y sé que no quiere verme después de lo que vió.
— Explicale.
— No.
— Incluso compró una maleta, no sé para qué.
— No le diré. — tiré el cigarro, lo apagué con la zuela de mi zapato y abrí el auto, listo para subirme. — Tom es libre, haz con él lo que te de la gana.
Di por terminada la charla subiendome al auto y desapareciendo entre las calles con una alta velocidad. Llamé a Laila para que estuviera lista de una vez.
Saqué otro cigarro para fumarlo, me lo acabé en menos de quince segundos. En el momento en el que llegué a la casa guardé el auto y salimos en un taxi hasta el aeropuerto, justo a tiempo.
Abordé el avión en completo silencio, coloqué los audifonos y puse música para hundirme en la absoluta depresión por una hora.
Fuerzas es lo que iba a necesitar.
•
— Al fin llegamos. — la castaña se tiró a su cama luego de dejar su maleta en el suelo. Repetí su acción pero con los brazos abiertos y los ojos cerrados. — ¿Qué es lo primero que haremos? ¿Ir a una fiesta para desestresarnos del viaje?
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