Nos encontrabamos acostados en la cama luego de la ducha «en donde hicimos de todo menos asearnos», ambos repartiendo caricias en la espalda mientras nos besabamos con ganas y mucho deseo. Su mano tibia subía de a poco hasta posarse en mi cuello y obligarme a subirme sobre él. Tocaba mis piernas, los muslos hasta llegar a mi trasero desnudo.
— Se siente bien tenerte aquí conmigo. — no pude responder porque de nuevo su boca atrapaba la mía. Quería que me lo haga de nuevo, no me cansaría nunca de sentirlo en mi interior. — Eres perfecto. — sonreí y me alejé un poco para verlo a los ojos, tomé sus manos para dar un beso suave en ellas.
— También lo eres.
— Ya quiero tener dinero para poder llevarte a pasear, comer, una fiesta, al cine, comprarte detalles y cosas así. Quiero que se note lo mucho que me importas.
— No es necesario, yo...
— No. — interrumpió. — No quiero ser un grosero usando el dinero que tu te ganaste con tu esfuerzo.
— Ya te dije que no me importa compartirlo contigo. — crucé mis brazos y arquee una ceja, tal vez un poco enojado.— Igual el auto sigue esperando por ti, ¿me vas a seguir rechazando? — Tom reía mientras me acariciaba la mejilla, me doblegué ante su caricia y suspiré cerrando los ojos.
— Aceptaré solo porque vamos en serio.
— Una cosa si te advierto, Tom, no quiero que subas a ninguna puta al auto porque te quemo vivo junto con el.
— Ajá. — sonrió de lado. — ¿A cuantas ya subiste tú?
— A tu madre. — respondí seguro, serio y sin que suene a broma, hice con el propósito de tal vez decirle de una vez la verdad. La sonrisa de mi novio se borró al instante, me empujó a un lado y se puso de pie para dirigirse al cajón y buscar unos boxers limpios, miré con atención como se los ponía mientras me cubría el cuerpo con una de sus cobijas.
— ¿Le sigues odiando?
— Tengo mis razones, Tom.
— ¡Pero es tu madre! — me gritó. — Ya me tienes contigo, no va a volver a separarnos porque ya estamos grandes y sabemos lo que estamos haciendo, ¡trata de olvidar eso y vive el presente conmigo!
— Ash. — rodee los ojos y me levanté también. — No me acordaba de eso hasta que me hiciste acuerdo, amorcito.
— ¿Entonces? — entre los dos hubo un silencio grande y no me importó, estaba con toda la maldad. Me di el tiempo de buscar en lo más profundo sus camisas grandes, saqué y me puse una verde. Creo que mi silencio le ponía cada vez más curioso y me divertía. — ¿Entonces? — volvió a repetir en un tono amenazador y un poco sensual, ¿cómo espera que me tome en serio nuestra primera discusión si estaba semidesnudo? Caminé de forma sexy hacia él y le di un beso en los labios.
— Que lindo te ves. — jalé su mano para guiarlo hacia la cama, primero me acosté yo y luego él sobre mí. — Hazme el amor. — susurré entre besos y caricias en la espalda.
— En serio creí que las cosas entre mamá y tú ya se habían arreglado un poco.
— Ay, Tom. — rodee los ojos y miré al techo. — Ya te dije que tu madre es una hipócrita doble cara.
— Ya lo sé. — exhalé con fuerza, tomé el valor de alejarme.
«Hablar de Simone cuando estoy a punto de tener sexo no me excita.»
— Hay que descansar. — sugerí metiendome debajo de las cobijas. — Estoy muy agotado, no dormí en toda la noche.
— ¿Por qué? ¿Mucho trabajo?
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