Yo no estaba seguro de que le hayan dado un sueldo adelantado a mi padre para una nueva casa si tan solo tiene alrededor de dos días de trabajar en ese lugar y que casualmente se haya encontrado con Bill en Múnich. Se me vino a la mente que quizás mi hermano fue a disfrutar un momento de padre a hijo con él y si era así, yo también quera tener ese momento pero con Bill, no con mi padre.
A él lo veía todo el tiempo.
También pensaba que Bill pudo patrocinar ese viaje y... la casa.
— ¿¡Ya terminaste!? — justo le estaba dando los ultimos arreglos a las cajas donde estaban mis cosas y sonreí con satisfacción. Solo espero que en esa nueva casa mi habitación sea más grande y alcance todas las gorras y zapatos que tengo.
— ¡Sí! — respondí caminando hasta las gradas.
— Perfecto, tu padre me llamó para decirme que Bill ya estaba a unos minutos de llegar y junto con él las personas que se van a llevar las cosas a nuestra otra casa.
Sigo pensando que todo esto es muy raro.
— ¿Crees que hasta que llegue me de un baño rápido? Es que no puedo más con mi olor, mamá.
— Espera hasta que llegues a la otra casa, no te desesperes. — bufé recostando mi espalda ahora desnuda en el pasamanos de metal. Metí la mano a mi bolsillo delantero del jean y saqué una caja de cigarros junto con la fosforera para fumar uno. — Tom, guarda eso.
— Uhm, no. Me siento ansioso. — y no por la idea de cambiarme de casa, si no porque Bill estaba a punto de llegar y me daba un poco de miedo verle a los ojos.
— ¡Ahhh! — mamá pegó un grito que por poco y me deja sordo cuando escuchó el timbre sonar. Se arregló un poco y corrió a abrir la puerta. Casi me desmayo al verlo parado ahí, guapo, muy bien arreglado con esas características prendas negras, el maquillaje y sus rastas preciosas.
«Que calor.»
— Hola.
— Billy. — abrazó a mamá y luego le dió un beso en la mejilla izquierda. Esa mujer se puso peor que una niña al ver que mi gemelo les dió ordenes a los chicos que ayudan a trasladar las cosas hasta la nueva casa. Yo veía como entraban y salían mientras llevaban las cosas pero la mayoría de mi atención se la llevaba él.
Era imposible no verlo.
— ¿La casa es grande? — oí desde donde yo estaba. Bill asentía con la cabeza. — ¡Ya quiero ver!
— Que bueno.
— ¿La puso a mi nombre? — mi gemelo regresó a ver a mi mamá con una sonrisa que no supe descifrar, era nueva, nunca antes vista.
— Sí, mami. — rodeó con su brazo los hombros de mi madre y le apegó más a él. — Los papeles salen en unos días porque el dueño tiene que hacer los tramites y sabes que eso lleva tiempo, así que no te preocupes por eso, yo mismo me encargué de que sea a tu nombre.
— ¡Ay, te amo! — le daba besos por todas partes a Bill.
Insisto.
Que raro.
Estaba tan concentrado en mirar a mi gemelo que ni siquiera me di cuenta de que ya se habían llevado todo y que solo teníamos que seguir en el auto de papá a los grandes camiones que se llevaban nuestras cosas.
Mientras caminaba en dirección al auto, busqué las llaves en mi bolsillo, vi a mamá subirse en el otro auto junto con Bill dejandome solo.
Suspiré y me subí en el viejo de mi papá, lo encendí y empecé a seguirlos al mismo paso que iban ellos. Fumé otro cigarro, a penas llegue a esa casa hablaría con él de una vez y arreglaríamos las cosas.
También iba a pedir que su habitación estuviera junto a la mía, porque... siempre debe ser así.
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