Capítulo 24

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25 de diciembre

Al día siguiente, Max y yo nos preparamos para partir hacia Londres.

Cata nos recibe con una sonrisa mientras bajamos las escaleras. Son las ocho de la mañana de un día festivo, pero ella está despierta para despedirse de nosotros.

–¿Estás seguro de que no necesitas que te lleve al aeropuerto? – Cata pregunta a Max.

–No te preocupes, mamá – responde Max con una sonrisa tranquilizadora – solo tenemos que ir al hotel a por nuestras cosas y dejar el coche de alquiler en el mismo aeropuerto.

Cata me abraza diciéndome lo maravilloso que ha sido conocerme, y también se disculpa en varias ocasiones por lo sucedido ayer, a lo que le quito importancia.

Todo fue provocado por Jan, y el único que tenía que pedir perdón era él, no los demás.

Observo desde el coche como acaba de despedirse de Max, envolviéndolo en un fuerte abrazo y intercambiado algunas palabras. Sonrío al saber que por lo menos Max puede contar con su madre para lo que necesite.

Ponemos rumbo al hotel y una vez nuestras maletas están en el maletero del coche vamos al aeropuerto.

El avión privado nos da la bienvenida con su elegancia en el aeropuerto de Ámsterdam. Max y yo nos instalamos en nuestros cómodos asientos, emocionados por el viaje que nos llevará a Londres para pasar el día de Navidad con mi familia.

Mientras el avión despega, observo a través de las ventanas las vistas espectaculares de Ámsterdam que se desvanecen a medida que ascendemos hacia el cielo.

–¿Cómo te sientes? – dice Max, agarrando mi mano.

–Estoy ansiosa, tengo muchas ganas de llegar a casa.

Max me mira y percibo el cariño a través de sus ojos.

La sensación de estar en movimiento, de estar en camino hacia algo tan significativo, me llena de una mezcla de nerviosismo y alegría. 

No he visto a mi familia desde octubre, y la idea de volver a abrazarlos después de tanto tiempo me llena el corazón de calidez.

Después de aproximadamente una hora, la cual se me hace eterna, aterrizamos en Londres. Miro todo con ilusión, sin esperar poder llegar a casa.

A diferencia de cuando estábamos en Holanda, habíamos decidido que nos quedaríamos en mi casa, Max estaba de acuerdo, así que no había ningún problema.

Después de aterrizar en el aeropuerto de Londres, salimos a buscar el coche que nos llevará a casa. El chofer nos recibe con una sonrisa de oreja a oreja y nos ayuda a meter las maletas en el maletero del coche.

Nos subimos y nos acomodamos en los asientos de cuero bien cómodos, listos para ir a casa.

El viaje es un poco largo, nos lleva por las calles atestadas de Londres.

Poco a poco, el ambiente urbano empieza a cambiar, las calles se vuelven más tranquilas y frondosas. El ambiente se pone más exclusivo cuando nos vamos acercando al barrio donde mi casa se encuentra.

El coche avanza sin problemas por las calles adornadas con decoraciones navideñas y al fin llegamos a la entrada del barrio. 

El segurata nos da la bienvenida y nos abre las puertas para que pasemos.

Circulamos por el barrio, observando la belleza y la tranquilidad del lugar. Cuando el coche se detiene frente a la entrada de la casa de mis padres, siento un nudo en el estómago y mi corazón late con fuerza. La emoción de reunirme con mi familia después de tanto tiempo es abrumadora, pero también hay una pizca de nerviosismo en el aire.

VICTORIA - MAX VERSTAPPENHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora