12. Mi final

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Los primeros rayos del sol ya habían salido y yo me encontraba ahí, sentado viendo fijamente al dueño de todas mis obsesiones.

Me sentía un monstruo por lo que había hecho.

Me había sobrepasado un límite que dije trataría de no sobrepasar y ahí estaba, con la mente vacía más no arrepentido.  ¿Para qué? El daño ya lo había hecho, mas perdía el tiempo en sentir remordimiento y culpa.  Y ahora no tenía el tiempo para sentir esas cosas.

Habían cosas más importantes por hacer.

Lo había hecho así que ya que más daba, lo único que me preocupé por hacer fue cuando acabé... levanté su frágil y desvalido cuerpo entre mis brazos y lo llevé de inmediato hasta la bañera de mi habitación.

Mi habitación era la primera regla que no se debía romper,  jamás dejar entrar a nadie. Pero yo mismo lo estaba llevando hacia ella.

No me importaba.

Dejé correr el agua caliente para que se llenara la bañera y deposité su cuerpo sobre el piso donde le quité prenda por prenda de su hermoso traje arruinado por sus manchas de semen.

Se había desvanecido después de que me había corrido en su interior. Ahora solo quería lavarlo.

Por supuesto, no era para borrar las huellas de mi crimen  en absoluto.  Era para lavarlo como a un juguete, uno que debe estar siempre tan bonito y limpio, perfecto para su siguiente uso.

Vi su marca de mi mano en su mejilla de cuando lo había abofeteado y la acaricie, se le pondría morado después.  También tenía aún sus labios lastimados por haberle obligado a hacerme sexo oral en la mañana de ayer.

Aún así me seguía pareciendo el más perfecto.

Su piel tan banca y suave al tacto era la cosa más maravillosa del mundo.

Mientras lo dejaba  caer al agua despacio y esparcía jabón aromático en su figura mi mente divagó un poco.

Recordando como fue que había  caído por él.

Tenía a penas 13 años cuando aquellos bonitos ojos me hipnotizaron, me creí un loco por haber visto a un niño de esa edad con los ojos con los que yo lo miré. Su  cabello tan brillante y sedoso era como una invitación a tocarlo y acariciarlo y hacerle mimos.

Deseé desde  ese instante ser yo quien cuidara de él quien lo protegiera de cualquier mal sin adivinar que el mal era yo mismo.

Fue tal mi obsesión que de inmediato comencé a preparar un plan para tenerlo a mi lado cuando se llegara el momento. 

Jamás fui pedófilo, porque nunca me llamó la atención tener relaciones sexuales con ningún niño, es más Jimin tampoco me provocaba algo como eso en aquella época.

Mis sentimientos eran diferentes,  quería ser alguien para él.

Hasta que descubrí que mi fijación con él era porque simple y sencillamente me había enamorado de él. ¿Cómo? ¿Con un niño de 13 años? 

¿Imposible de creer no?

Como un adulto de 30 años podía haberse enamorado de un niño de 13, solo siendo un enfermo mental claro.

Tenía un nombre aquello y se llamaba, Efebofilia.

La atracción o el enamoramiento  hacia adolescentes, es la atracción sexual que un adulto experimenta hacia adolescentes que se encuentran en la etapa media y final del desarrollo de la pubertad, normalmente entre los 14-15 a los 20-21 años de edad.

Entonces supe que, si estaba enamorado de un niño de 13 años mi mente estaba enferma. Que debía acudir con un psicólogo para ayudarme a reprimir esos sentimientos. 

❀𝔇𝔞𝔯𝔨   𝔒𝔟𝔰𝔢𝔰𝔰𝔦𝔬𝔫❀Donde viven las historias. Descúbrelo ahora