“Nunca había visto a un humano tan de cerca. Sus pequeños ojos detallaban el rostro hermoso del hombre que como cada día ponía agua y comida en la pequeña jaula en la que se encontraba.
Su rostro estaba salpicado de pequeñas pecas casi invisibles y sus ojos que parecían fieros en realidad le veían con tanta ternura. Ese humano le trasmitía muchas cosas al pequeño pajarillo azul.
Aun así no se sentía tan segura en ese lugar.
El primer día quiso escapar, en cuanto las manos cálidas del chico le tomaron, el ave aleteo desesperadamente tratando de volar lejos de él. Tenía miedo. Pero en cuanto revoloteo logrando soltarse de él, supo que había sido un grave error ya que su ala estaba herida, no podía volar.
El chico corrió detrás del ave para volver a tomarla entre sus manos y colocarla en aquel suave nido hecho de mantas suaves y limpias. Quiso limpiar su herida pero el ave no se dejo provocando una pequeña herida en su dedo cuando lo picoteo. No quería que le tocara porque no confiaba en él.
Los primeros días fueron difíciles porque cada vez que creía que podría irse volando descubría que no, cayendo y golpeándose más. Así que finalmente se rindió dejando que el humano le tocase para poder curar su ala lastimada.
El primer intento fue bueno, él colocaba un polvo blanco sobre la herida en su ala y después vendaba cuidadosamente y la dejaba una vez más en aquella pequeña cama. Poco tiempo pasó para que el nido fuera reemplazado por una jaula pequeña muy bonita color dorado.
La pequeña ave jamás se dio cuenta cuando paso a ser un ave encerrada en una jaula, porque en realidad ella jamás se sintió prisionera.
—Eres tan bonito pajarito azul —repetía una y otra vez el hermoso chico observándola detenidamente. Admirando la belleza del ave.
“Eres un humano muy extraño, pero extrañamente no medas miedo ¿Nos conocemos de algún lugar fuera de esta vida acaso?” Pensaba el ave azulina.
Se acostumbro mucho a su presencia y ya no trataba de huir de el cada vez que se acercaba para curarle su ala rota”
“Pobre avecilla tan ingenua”, pensé cerrando el libro y dejándolo sobre la mesita. Estiré mi cuerpo pues había permanecido en una misma posición por un par de horas, mis brazos se elevaron sobre mi cabeza y deje escapar un bostezo. Debía regresar a mi habitación ya había pasado mucho tiempo en la biblioteca.
Me obligué a levantarme del cómodo sofá donde me encontraba y apenas había dado un par de pasos cuando la alta figura de ese hombre apareció frente a mí.
Se sorprendió al verme o eso pareció al principio.
—Ah, Jimin no había visto que estabas aquí.
Me preguntaba si Jang vivía aquí con el señor Min, porque siempre o la mayoría de veces siempre estaba en esta casa.
¿Qué tipo de relación tenían? Una vez, los había escuchado teniendo sexo abajo en el sofá. Pero no sabía nada más respecto a Jang, ni qué hacia la mayoría del tiempo.
—Yo…ya iba a mi habitación —respondi pasando por un lado de Jang.
Jang se hizo a un lado y sonrió un poco cuando Jimin paso a su lado deteniéndome con una mano.
—Curioso —añadió sin soltarme.
Jimin bajo la vista hacia dónde Jang lo tenía agarrado y se soltó de él, retrocedí un par de pasos para verle mejor.
—No entiendo... ¿Qué es lo curioso?
—La llamas tu habitación —Él soltó una risita—. No me digas que ya la consideras tuya, ¿Ya te sientes en casa, Jimin?
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❀𝔇𝔞𝔯𝔨 𝔒𝔟𝔰𝔢𝔰𝔰𝔦𝔬𝔫❀
Fanfiction¿𝐔𝐧 𝐩𝐬𝐢𝐜ó𝐩𝐚𝐭𝐚? 𝐍𝐨 𝐦𝐞 𝐝𝐞𝐬𝐜𝐫𝐢𝐛𝐢𝐫í𝐚 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐮𝐧𝐨, 𝐭𝐚𝐦𝐩𝐨𝐜𝐨 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐮𝐧 𝐝𝐞𝐬𝐞𝐪𝐮𝐢𝐥𝐢𝐛𝐫𝐚𝐝𝐨 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐚𝐥. 𝐃𝐢𝐫í𝐚 𝐦á𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐨𝐲, 𝐮𝐧 𝐚𝐩𝐚𝐬𝐢𝐨𝐧𝐚𝐝𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐝𝐢𝐬𝐟𝐫𝐮𝐭𝐚𝐫 𝐥𝐚𝐬 𝐜𝐨𝐬𝐚𝐬...
