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Y ahí estaba Kim Jimin un joven de 18 años recién cumplidos quien apenas había tenido su primera salida nocturna con amigos.
Permanecía atado a una puerta y con mis ojos cubiertos por ese trozo de tela sedosa.
Lo que acababa de pasar hacía unos instantes en esa habitación había sido el acto más aberrante que había presenciado y protagonizado en mi corta vida. Ese hombre se había frotado contra mí y me había estado asfixiando al mismo tiempo y tuvo un orgasmo.
¡Un maldito orgasmo mientras me hacía daño!
Mi sangre se había congelado mientras yo luchaba por respirar. Estuve a punto de desmayarme una vez más tal y como había pasado en el callejón detrás del club.
No podía describir todo eso que había sentido cuando el señor Min me estaba maltratando. Eran una infinidad de cosas y sentimientos que no sabía cómo definir. Me había humillado con ese acto tan asqueroso.
Sin embargo, estaba ahí de rodillas como me había pedido sin moverme y sin desatarme. Quizá estaba esperando a que yo hiciera algo estúpido para poder poner una vez más sus manos sobre mí. Pero yo no pensaba darle el gusto así de fácil.
Aquí venía un pensamiento intrusivo de nuevo.
Así que no me moví.
Pensé en mis padres. ¿Me estarán buscando ya? ¿La policía sabría que yo estaba desaparecido?
El señor Min me dijo que si trataba de escapar les haría daño. Así que en parte me detenía por eso y por otro lado el miedo que sentía me hacia querer salir corriendo de ahí. Ese hombre no estaba bien de la cabeza.
Me había asfixiado dos veces y eso lo había disfrutado, había disfrutado el miedo en mis ojos, mientras yo pensaba que iba a morir.
Definitivamente estaba enfermo. Yo había leído sobre eso en la biblioteca y había recibido un par de cursos en la universidad. Eso tenía un nombre.
Era una maldita parafilia.
Al parecer a Min Yoongi le encantaba la asfixofilia…
A mis 15 años había aprendido sobre temas sexuales, conductas o fantasías sexuales de tipo excitatorio frecuentes e intensas que padecian las personas.
Algunos se excitaban viendo pornografía, lo normal. Otros lo llevaban al extremo , por ejemplo tener sexo con objetos inanimados como muñecos o cosas, fumar mientras tienen sexo, incluso vomitar mientas están teniendo un encuentro sexual, otros disfrutan de asfixiar como el señor Min.
Yo temí por mi vida y en mi interior grite que me dejara, que no quería morir…
¿Pensaba matarme con sus manos o un cuchillo enterrado en mi corazón?
Alerta de pensamientos intrusivos que comenzaron a salir a flote.
Todavía podía sentir su agarre en mi cuello y estaba seguro que me había dejado una marca ahí.