Subterráneo

4 0 0
                                        

Las ultimas luces del día se esfumaban al ver por el agujero en el techo. Roberto lograba ver la ventana de donde colgaban los restos de su cuerda de huida, se quedó unos segundos contemplándola. Aun aturdido con el golpe, sus manos tocan el suelo lleno de escombros, un olor a humedad invade su olfato haciéndole contraer su rostro. Ningún ruido alrededor y de espaldas en el suelo, sus piernas no responden, se siente mareado y distante a la realidad. En su intento por hacer reaccionar su cuerpo, su vista se nublaba y los sentidos se disparaban y disipaban al mismo tiempo. El sonido de un roce constante de piedras y agudos pasos se acercaban hacia él, suaves y constantes. Aquel sonido le provocaba la imperante sensación de escapar, pero su cuerpo solo respondía con dolor. Evocaba una antigua sensación, como un olvidado rollo que nunca reveló. Las imágenes se tornaban difusas en su mente fundiéndose con el sonido parecido a un bloque que se arrastra.

– ¡Joven!, ¿está bien? –una voz le habla desde el agujero, una figura difusa y distante. Una voz con acento de campo, quizás una camiseta verde a rayas y un voluminoso bigote, fue todo lo que su borrosa vista le entregó. Con todas sus fuerzas intenta gritar, pero el nudo en su garganta ahogaba su voz. Su vista está perdida en la única luz de esperanza que se cuela por el último rincón iluminado. Junto a su oído derecho los sólidos pasos se detenían. Sólo los oía, mas no lograba girar su cuello. La lucha contra sí mismo lo agota de a poco, hasta llevarlo al desmayo.

Todo se apaga.

Sus ojos se abren de golpe, rápidamente se sienta apoyándose en sus codos. La sensación de estar inmovilizado aun lo rondaba. Logra sentarse y mover sus brazos y piernas a voluntad, la idea de quedar invalido quedó limitada a sus pesadillas. Al observar hacia arriba se lograba ver el agujero y desde las ventanas de la iglesia, las estrellas comenzaban a iluminar. Aun los tonos azules y purpuras del cielo eran visibles, eso le hizo pensar que no estuvo mucho tiempo inconsciente. Recordó los ruidos a su lado, metió la mano nerviosamente a su bolsillo para sacar su telefono y alumbrar su alrededor.

Parecía una simple sala con paredes ennegrecidas por la humedad a su alrededor estaba lleno de escombros, se encontraba solo y en silencio. Una voz se le vino a la mente.

– ¡Ayuda!, ¡¿hay alguien ahí?!

Sin respuestas más que el eco que le replicaba desde el oscuro pasillo que, al parecer, era su única ruta. Gritó algunas veces más para cerciorarse. "Quizás fue solo mi imaginación", recordaba las palabras provenientes del agujero. A su costado colgaba su cámara, la examina para evaluar los daños, se encontraba con unos golpes y rayones, pero funcionaba bien. Decide ponerse de pie, algo adolorido se acerca a una muralla para apoyarse, al iluminar a su alrededor dio cuenta de lisas placas metálicas en las paredes adornada con una gran cruz oscura en medio de ellas. Desde una de las paredes una rejilla la atravesaba de lado a lado rozando el techo, de la cual una mancha seca de algo que escurrió hacía mucho tiempo pintaba la muralla. Con una mano pegada a la pared comenzó a avanzar.

Un corto pasillo adornado en su pared derecha por diversas cruces de diferentes formas y tamaños conectaba con una pequeña sala. La habitación se encontraba en buen estado, solo cubierta de polvo y algunas goteras manchaban las paredes formando caminos hasta el suelo. Desde el techo una elegante lampara colgante lucía dorados que hacían juego con los detalles de un sillón rojo de un cuerpo, dispuesto hacia el pasillo. Frente a este, una pequeña mesa redonda contenía un cenicero, al verlo, el nerviosismo y la incertidumbre le hicieron volver las ganas de fumar, hacía años que lo dejó, "preferiría morir de cáncer, que atrapado en una iglesia abandonada", se lamentaba.

De pronto, el canto de un pájaro lo asusta de sobremanera. Apunta su telefono directamente al pasillo de donde provenía el sonido. Un hombre junto a la pared tapaba su rostro con ambas manos al recibir la luz. Un aleteo cerca de su rostro, le hace perder el foco. Lanza manotazos al aire sin tocar nada, al volver a dirigir el foco hacia el pasillo la figura había desaparecido, dirige la linterna hacia todos lados torpemente sin encontrar algo en específico. El miedo volvió, el pulso acelerado y el sudor frio lo dominaban. Controlando su respiración se pone de espaldas contra una esquina para mantener el control de la habitación. Logra calmarse y examina cada detalle de la habitación, con desesperación mueve el sillón hacia el pasillo derribando la mesa a su paso, dándole una sensación de seguridad, como una barricada. Vuelve a su rincón y desliza su espalda por la pared hasta quedar hincado.

Le temblaba el mentón, no controlaba las lágrimas que brotaban incontrolables.

– ¡Ayuda!, ¡sáquenme de aquí! –grita lastimosamente sin recibir respuesta.

Resignado y sin esperanza, Roberto abrazaba sus piernas arrepintiéndose de cada paso que lo llevó a ese lugar. 

La Casa de DiosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora