.・。.・゜✭・Capítulo 22・✫・゜・。.

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˚₊‧꒰ა LALISA MANOBAL ໒꒱ ‧₊˚

Pensé que al momento de despertar me gritarían que todo fue una broma, que mi madre si estaba viva y que todo fue un tipo de prueba estúpida.

Pero no fue así, todo era muy real y lo estaba viviendo en carne propia. Me senté ahí, en mi cama, porque al amanecer, solo me cambié para mi cama para así poder llorar sin sentir el perfume de mi madre. Jennie ya no estaba conmigo, pero se quedó hasta que cerré mis ojos.

Al sentarme y ver el nuevo día, mi cuerpo dolió, pero lo que más dolió fue mi pecho. Me di una ducha y al vestirme con una ropa deportiva, bajé las escaleras, encontradme con mi padre, quien estaba sentado con la mirada perdida. Me senté frente a él en una de las sillas del comedor.

Dolía. Pero ya no me quedaban más lágrimas que derramar, los ojos se me empañaban, e incluso sentía un dolor intenso de cabeza de solo pensar en mi madre. Era un tipo de duelo el cual no sabía como sobrellevar, si hablar era bueno o malo, si salir de casa era bueno o algo que me pondría en peligro porque por mi mente pasaba de todo menos cosas realmente coherentes.

—Su velo...

—No iré —interrumpí a mi padre—. No quiero ir.

—Lisa —me miró con tristeza-. Por favor.

—No, papá, no iré —mi labio inferior comenzó a temblar—. No iré porque me duele, verla muerta nunca estuvo en mis planes, había algo dentro de mí que suponía que ella se salvaría.

—Ella quería verte, pero no me esperó, solo fue emocionada —bajó la mirada—. Recuerdo su sonrisa. Ahora solo somos tú y yo contra el mundo.

—Y ella, aunque no la podamos ver. Me están ofreciendo una beca para irme a otra universidad.

—Eso es maravilloso, Lisa!

—No la tomaré —respondí.

—¿Por qué? —me miró sin comprender.

—No quiero. No quiero irme de aquí, papá —refuté.

—Pero es una grandiosa oportunidad para ti.

—¿Y tú?, no puedo dejarte solo.

—Lisa, soy tu padre, siempre estaré aquí para ti —buscó mi mano—. Siempre buscaré la forma de que seas mejor de lo que ya eres.

Me sentía bien al escuchar esas palabras, pero por alguna razón esperaba escucharlas más de mi madre, no obstante, me paré y lo abracé. No lloré, porque creía que dentro de mí ya no había más lágrimas que derramar, y tal vez. No lo iba siquiera a intentar.

Solo iba a ir a la universidad para decir que no aceptaría la beca a la universidad de Columbia, prefería otra cosa a ir a esa universidad y lejos de la casa de mi madre. Entré al aula y saludé al profesor, el cual se quitó los lentes. Yo me senté frente a él.

—Lisa, todos nos enteramos de lo que ocurrió. Lo siento mucho —dijo notándose sincero—. Debes encontrarte destruida.

—Está bien, profesor. Realmente solo vine por una cosa —me tomé un segundo para hablar—. Renuncio a la beca.

—¿Estás hablando en serio?, Lalisa, es una gran oportunidad —intentó explicarme.

—Yo más que nadie lo sé —dije—. Pero no quiero ir a esa universidad ni alejarme de todos aquí.

—Mira, Lalisa, haremos algo, te daré dos semanas para que te lo pienses bien, tienes tiempo. Piénsalo, no renuncies tan fácilmente —recomendó—. Cuando lo pienses bien, podrás regresar y decirme eso mismo —se puso de pie—. Por mientras, haré como que nunca me dijiste eso.

El Arte De Amar. (Jenlisa)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora