⋆˚࿔ Capítulo 31 𝜗𝜚˚⋆

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. ݁₊ ⊹LALISA MANOBAL . ݁˖ . ݁

Entré a la cocina, encontrándome directamente con Eris, quien estaba desayunando inmersa en su celular. Ella levantó la mirada, observándome caminar por toda la cocina y servirme un vaso de agua. Estaba muy tranquila, no podía estar mejor cuando mi novia dormida placidamente en mi cama y yo solo tendría que volver a la habitación para verla dormir.

Aunque lo hice desde temprano, no podía cansarme de eso ni en un millón de años.

—Buenos días, ¿no? —Eris dejó de comer—. Tuviste una buena noche. ¿A quién entraste que no dejaba de gemir y gritar tu nombre?

—Mi novia —comuniqué. Eris me miró con los ojos abiertos de par en par—. Vino anoche. Lamento si te molestó.

-Tu novia —repitió riendo—. No parece ser ninguna mojigata. Por un momento quise ser ella.

—Qué pena que no seas —Jennie entró a la cocina, con una de mis sudaderas y descalza, aun con la marca de la almohada en su rostro—. Pensé que te encontraría en cama, Lili.

—Hoy quise despertarme temprano, no conozco mucho el lugar y como te vas en la noche quiero que salgamos —deposité un beso en su mejilla—. Eres preciosa. Y bueno, ella es Eris —la presenté—. Eris, ella es Jennie, mi novia.

—Un gusto, Jennie —Eris sonrió, pero lo hizo tan falso que esa sonrisa no llegó a sus ojos—. Que bueno que viniste a arreglar las cosas, pensé que Lisa estaba a punto de buscar a alguien para sacar todo su despecho —la sonrisa de Jennie se borró, pero Eris se miraba satisfecha—. Pero no pasó, qué suerte tienes.

—Jennie, ve a darte una ducha, yo voy ahora —le pedí de manera meliflua.

Ella salió de la cocina y yo me dirigí hacia Eris con muy mala cara, ella solo se encogió de hombros. Como si sus palabras al final del día fueran solo una realidad, cuando eso no pasaba.

—Deja de buscar chismes entre nosotras dos —dije de mala manera—. Solo empeoras la situación.

—No empeoro nada, solo dije una realidad. De ella no haber venido...

—Tú a mí no me conoces ni una mierda, Eris. No sabes nada de mí, no tienes ni una puta idea de como soy y de cuanto la amo —declaré, dejándola callada—. No sé si estás de mal humor por lo poco que dormiste anoche.

—No —dio un paso al frente—. Estoy de mal humor porque...

—Dime.

—No soporto que tengas pareja —reveló—. No tienes ni tres meses aquí, pero no te imaginas lo fácil que es acostumbrarse a tu presencia. ¿No ves que no he traído otro hombre aquí?

—No sé qué quieres decir —di la vuelta para marcharme, pero Eris me agarró del brazo—. Suéltame.

—No, sí sabes lo que te quiero decir y puedo hacer que termines con ella en menos de lo que te imaginas —se pegó a mí.

—¡Que no me toques! —grité—. Estás pasando la barrera y lo tuyo se considera acoso.

—¿Acoso? —sonrió—. Acúsame. Después de todo, ya estoy jodida.

Abrí la boca para hablar, pero Eris me agarró detrás de la cabeza y me besó con fuerza, la separé por los hombros y la miré, asustada. Yo estaba asustada, temí por mí, por lo que ella hizo y lo hice más cuando escuché pasos detrás de mí. El rostro compungido de Jennie me hundió el pecho.

Ella se dio la vuelta y caminó hasta la habitación.

—En tu puta vida vuelves a acercarte a mí, enferma. Estás enferma, Eris –bramé.

El Arte De Amar. (Jenlisa)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora