.・。.・゜✭・Capítulo 19・✫・゜・。.

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˚₊‧꒰ა JENNIE KIM ໒꒱ ‧₊˚

Me acomodé en la silla del comedor, estaba metida en mi cena, con mi padre a un lado y mi madre en la otra punta. Yo me encontraba como se podría decir en el medio de ellos, pero ninguno hablaba o hacía el intento de mantener una conversación.

Y era mucho mejor así, porque la idea de escucharlos decirse falsedades no estaba entre mis planes esta noche, mucho menos si mi padre no me quitaba la mirada de encima. De mi boca no saldría nada a menos de que terminara explotando.

Aunque no iba a negar de que me moría de ganas por decirle a mi mamá, mostrarle a la verdad que se estaba enfrentando. Pero supongo que no es momento hasta que el señor se digne a decirle la verdad, no obstante, yo pensaba que era mi responsabilidad. Estaba cargando con una cruz que no me pertenecía.

—¿Cómo te fue hoy? —preguntó mi padre.

—No te importa —contesté—. Eso pregúntaselo a alguien más.

—Jennie —me reprendió mi madre.

—Yo solo quiero saber como te fue a ti —dijo.

—Eres pésimo mintiendo, lástima que algunas personas si te crean —jugué con mi comida—. Y déjame comer, por favor, no quiero escucharte.

—¿Qué pasa entre ustedes dos? —escupió mi madre, notando la incomodidad entre mi padre y yo.

—Nada, ¿cierto, padre? —puse mi sonrisa falsa—. Nada pasa.

—Estás comportándote como una niña, Jennie. Yo no te eduqué así.

—El cómo me hayas educado dejó de importar en el mismo momento que mentiste, Misul —encaré—. No es como que puedas hablar de educación.

—Jennie —reprendió.

—Jennie nada —me paré de la mesa—. Ya dile la verdad a mamá, díselo.

—¡Estás actuando mal! —se puso de pie—. Estás haciendo las cosas solo por enojo y eso no te deja pensar.

—Bueno, ya que no se lo dices tú, se lo digo yo —voltee hacia mi madre—. Este hombre al que yo llamé padre y tu esposo, tiene otra familia. No solo eso, mamá, sino que lo vi con mis propios ojos.

Mi madre miró a papá, pero su reacción solo fue bajar la mirada y suspirar, no hizo ningún gesto de sorpresa, y no me costó entender lo que ocurría aquí. Me quedé inmersa en mis pensamientos, pero no pensamientos exactamente correctos o buenos, sino en todo lo que estaba ocurriendo en mi familia y de lo que yo nunca me enteré hasta ahora.

No había decepción en su mirar, mucho menos un ruido de fondo, solo era el silencio del lugar, la eterna claridad de mi casa o lo que yo llamaba casa, y dos personas las cuales estaban bañadas en defectos y penurias de los cuales nunca me enteré sino hasta que la verdad fue la que tocó mi puerta.

Entonces no solo me sentí una idiota parada ahí, sino una persona con la insuficiencia de no poder evitar llorar, mis ojos se llenaron de lágrimas al imaginarme lo que estaba pasando.

—Tú... —inicié afligida—, tú ya sabías.

—Íbamos a decírtelo —quiso aclarar mi madre.

—Iban —me reí de lo estúpido que sonaba—. Iban a decírmelo. Los dos —los miré a ambos con incredulidad—. Tú sabías que él te puso el cuerno, mierda, mamá, te mintió, tuvo una hija con otra mujer. ¡Te fue infiel!

—Lo sé, me enteré, y me dolió mucho, pero decidí perdonarlo por el bien de nuestra familia —intentó aclarar.

—¿Qué acabas de decir? Es que estoy en casa de locos —me eché el cabello hacia atrás—. Estoy en un puto manicomio.

El Arte De Amar. (Jenlisa)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora