Habían transcurrido varios días desde lo sucedido con Liam. A una parte de mí le emocionaba embarcarse en esta nueva experiencia, en especial porque Liam era encantador. Sin embargo, otra se aferraba a Zack. Esa minúscula parte aún albergaba una pequeña esperanza.
Después de sobreanalizar la situación finalmente decidí que hoy tendría mi primera cita con Liam.
Durante toda mi vida escuché a mi corazón. Él me dictaba que esperara a Zack, pero transcurrieron 12 años en vano.
No podía seguir esperando.
—Phoebe, ¿cuándo vendrá tu amigo? —indagó Caleb en su pose de hermano mayor cuando llegué a la sala de estar—. Queremos conocerlo.
—No vendrá. Quedamos en vernos en la cafetería —respondí.
—¡¿Qué?! —chilló—. ¿Acaso huye de sus responsabilidades? Seguramente no tiene buenas intenciones —opinó con dramatismo.
—Yo le pedí que no viniera —aclaré, sonriente. El lado sobreprotector de Caleb me parecía muy divertido—. Quería ahorrarle tu drama.
—¿Drama? Intento protegerte de los buitres carroñeros —se justificó teatralmente.
—Eres un exagerado —repliqué entre el escepticismo y la diversión, negando con la cabeza mientras me cruzaba de brazos.
—No conoces los límites de la perversión masculina —refutó, señalándome con el dedo.
—Lo dices por ti, ¿cierto? —rebatí, arqueando una ceja.
—Justo en el órgano palpitoso —emitió, palpando su pecho, fingidamente ofendido.
—Tranquilo, Cale. Estaré bien —aseguré, acariciando su hombro—. Ya soy bastante mayorcita. Los hombres hace mucho dejaron de ser un misterio para mí...
—¿Qué? —dijo, escandalizado. Caleb a veces pensaba que aún tenía 7 años—. ¡Zack, di algo! —chilló, depositando la mirada en su amigo, quien estaba acostado en el sofá escribiendo en un cuaderno de cubierta negra, relajado y ajeno a la situación—. Va a salir de noche con ese tipo que no conocemos.
—Ese no es nuestro problema —refutó el susodicho sin mirarnos siquiera.
—Claro que sí. Es nuestro deber cuidar de Phoebe —protestó Caleb.
—Ya es adulta. Sabe con quién se relaciona —zanjó Zack con indiferencia sin levantar la mirada de su cuaderno.
Evidentemente no le importaba.
Una parte de mí, esa parte tonta e ilusa que escuchaba a mi corazón, pensó que Zack daría alguna señal de interés. Quizás la posibilidad de que me enamorara de alguien más lo haría reaccionar, pero claramente me equivoqué.
Zack no me quería.
Alimentar mis esperanzas sería incluso más tortuoso.
Debía seguir adelante.
—Tengo que irme. No quiero llegar tarde —me despedí, intentado disimular mi decepción.
—¿Estás segura de que no quieres que te lleve? —insistió Caleb cuando llegamos al umbral de la puerta.
—Iré en autobús.
—Cuídate mucho, Pheebs —emitió, rodeándome protectoramente con sus brazos.
—Caleb, no me voy a la guerra. Solo iré a una cita —bromeé.
—La última vez que estuviste a solas con un chico no terminó bien... —me recordó, afligido, colocando sus manos en mis hombros—. Zack y yo estábamos cerca y, aun así, casi no llego a tiempo... Tengo miedo de que algo suceda y nosotros no estemos ahí para cuidarte... —confesó.
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El secreto más evidente [R2]
RomansaTrilogía REFORMERS. Libro 2. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Desde pequeña Phoebe Warm sufrió la amarga experiencia del desamor, ya que creció en un lugar sombrío e infernal. En medio de su caótico mundo solo...
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