Habían pasado varios días desde mi discusión con Zack, días en los que prácticamente no nos dirigimos la palabra. Solo interactuábamos en los ensayos y para las lecciones de bajo.
Cuando estábamos en la misma habitación la tensión era evidente. Caleb, como era costumbre en él, contaba algún chiste o decía cualquier tontería para relajar el ambiente, pero nunca funcionaba.
En estos momentos me estaba duchando porque en breve saldría con Caleb al centro comercial para comprar un regalo, aunque no le mencioné que sería para Flori, mi hermana menor.
Las palabras de Cora ahondaron mucho en mi corazón. Ella tenía razón. Debía ser valiente y enfrentar a Flori.
Ella no me juzgará...
O eso espero...
Al concluir la ducha, tomé mi toalla y comencé a secar mi piel con delicadeza mientras tarareaba, distraída. De repente, alguien abrió la puerta del baño.
—¡Zack! —chillé, cubriendo mi cuerpo a la velocidad de la luz.
—Mierda —gruñó con ojos desorbitados y luego se giró automáticamente—. Lo siento, Phoebe... Yo... pensé que ya te habías ido... —explicó entre balbuceos, mirando fijamente el suelo mientras apoyaba una de sus manos en la pared y la otra en la puerta.
La espalda de Zack estaba desprovista de ropa y se movía de una forma un tanto exagerada, como si estuviera hiperventilando y, además, sus nudillos se tornaron blancos debido a lo mucho que apretaba sus puños.
Su mano continuaba ligeramente lastimada. Aún no me había contado el motivo de sus heridas. ¿Habrá peleado con alguien?
—¿Zack...? —murmuré, aproximándome a él—. ¿Estás bien? —indagué con preocupación, palpando su ancha y sensual espalda.
Al percibir mi tacto, se tensó al instante.
—¡No me toques, maldita sea! —rugió, tomando el picaporte para largarse dando grandes zancadas, lo cual me dejó impactada.
¿Por qué reacciona así?
Antes de salir del baño me vestí con una ropa ligera y cómoda para ir en su búsqueda.
—¿Zack? —musité al verlo sentado en el sofá.
La televisión estaba encendida transmitiendo un documental sobre focas, pero él ni siquiera lo estaba viendo. Estaba muy concentrado analizando la pared.
Al escuchar mi voz, depositó su atención en mí y recorrió mi cuerpo con la mirada. Después volvió a fijar la vista en la pared rápidamente.
—¿Qué? —gruñó.
—Solo quería saber si estabas bien... —expliqué, preocupada, tomando asiento a su lado mientras él jugueteaba con un cojín sobre su regazo y movía su pierna con desesperación, como si mi presencia le molestara.
—Estoy perfectamente —respondió con la mandíbula tensa, lo cual no me dejó para nada convencida.
—Llevamos varios días distanciados, Zack. Últimamente casi ni nos dirigimos la palabra. No quiero seguir así... —admití, tocando su rodilla, la cual apartó como si mi tacto quemara—. Solo quiero entender por qué estás enojado... —declaré, intentando disimular el dolor que me producía su rechazo.
—No lo estoy —aclaró, clavando sus dedos en el cojín.
—Sí lo estás —repliqué, ceñuda.
—Quédate tranquila. No estoy enojado. Por mí podemos olvidar todo lo que pasó —señaló, moviendo su pierna rápidamente.
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El secreto más evidente [R2]
RomanceTrilogía REFORMERS. Libro 2. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Desde pequeña Phoebe Warm sufrió la amarga experiencia del desamor, ya que creció en un lugar sombrío e infernal. En medio de su caótico mundo solo...
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