Capítulo 16: Dudas

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Después de una semana de arduos ensayos finalmente llegó el viernes y con él, nuestra presentación en el bar After Vibes.

Mi discusión con Zack me hizo entender que el amor no era para mí. Por tanto, lo mejor sería enfocarme en la música. Durante estos días también intenté contactar a Liam, pero fue imposible. Probablemente me odiaba por irme sin explicación alguna. Tal vez no volverlo a ver sería lo mejor. Mi indecisión solo lo lastimaría.

—¿Caleb aún no llega? —indagué al entrar al garaje de la casa donde se encontraba Zack tocando su batería.

—No —contestó, recibiendo con maestría la baqueta que había lanzado al aire.

—Faltan pocas horas para nuestra presentación. Le pedí que llegara temprano para ensayar —me quejé, ceñuda, cruzándome de brazos.

—Relájate, Pheebs. Ensayamos mucho durante esta semana —le restó importancia.

—Debemos ensayar más —protesté—. Nuestra falta de constancia fue lo que nos hizo perder la oportunidad de ser contratados —le recordé—. A veces pienso que este sueño es solo mío y que a ustedes no les importa, que ven la música como un simple pasatiempo.

—Sabes perfectamente que no es así —replicó, dolido—. La música es tan importante para nosotros como para ti.

—Pues no parece —refuté, dándole la espalda.

—Cuando Caleb y yo estábamos en el reformatorio, mucho antes de que reaparecieras en nuestras vidas, cantábamos recostados de aquel muro que delimitaba el lugar... —relató, nostálgico, llamando mi atención—. Soñábamos con salir y formar nuestra propia banda. La música fue lo que nos ayudó a seguir adelante en esa época tan oscura... Tal vez no somos como tú que cantas hasta que tus cuerdas vocales se desgarran o practicas con el bajo hasta que te duelen los dedos, pero amamos lo que hacemos... aunque quizás nos falta tu constancia y disciplina, pero es por eso que eres nuestra líder... y nuestra inspiración —agregó bajo mi atenta y conmovida mirada.

—Zack, yo... lo siento... No debí decir eso —lamenté, avergonzada.

—No te preocupes. Es tu trabajo como líder —opinó con una pequeña sonrisa—. Además, a veces merezco que me hables así...

—¿Qué quieres decir? —me mostré confundida.

—Eres tan dulce y amable con todos; sin embargo, yo a veces no te trato como mereces —reconoció, poniéndose en pie para aproximarse a mí—. Quiero disculparme por la forma en que me comporté contigo...

—Tranquilo, sé que es tu forma de ser. Además, ya lo había olvidado —fingí indiferencia, aunque en realidad continuaba dolida.

—Aun así... —insistió, desviando la mirada. Era evidente lo mucho que le costaba disculparse—. Tú no mereces eso... mereces —se detuvo de pronto a muy pocos centímetros de mi rostro, contemplándome fijamente—, más... Mereces mucho más... —completó con intensidad, lo cual me dejó confundida.

¿Qué quería decir con "más"?

—Zack... —murmuré, anhelante; pero él, como de costumbre, me dio la espalda, esquivo—. ¿Por qué lo haces? —insistí en saber.

—Porque, como bien dijiste aquella noche, soy un idiota —respondió con una sonrisa amarga, mirando el suelo.

—No estoy hablando de eso —aclaré, acercándome a él mientras me enfocaba, confundido—. ¿Por qué intentas alejarme de ti? —formulé mi pregunta nuevamente, sosteniendo su mirada temerosa con determinación.

—Es mejor que estés alejada de mí, Pheebs —opinó, dándome la espalda otra vez.

—No puedes pedirme eso. Jamás podría desentenderme de ti. Somos amigos —le recordé y él se giró repentinamente, sorprendiéndome al quedar a pocos centímetros de mi rostro.

El secreto más evidente [R2] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora