Capítulo 35: Cruda realidad

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Con el pasar de los días llegó una fecha muy especial a nivel mundial: el Día de San Valentín.

A la mayoría nos emocionaba el 14 de febrero; sin embargo, no era lo único que celebraríamos, puesto que hoy era la boda de la hermana mayor de Bélgica.

Kenya Knoller era una prestigiosa modelo al igual que su madre, Alaska Montserrat. Comenzó participando en comerciales cuando era una bebé y ahora es la reina de las pasarelas. Con tan solo 19 años había construido una sólida carrera, siendo reconocida y admirada a nivel internacional.

Kenya se casaría con un joven llamado Évett Reynolds, quien venía de una adinerada familia que se dedicaba a la joyería y, además, era su fotógrafo.

La iglesia estaba repleta de invitados. Definitivamente todos quisieron asistir al evento del año, incluso había celebridades.

—La decoración es hermosa —opiné, contemplando el lugar, embobada.

—Hoy se casa una celebridad. La decoración debe estar a su altura —comentó Caleb.

—Kenya y Évett llevan un año de relación, ¿no? —indagué.

—Eso creo.

—No conozco mucho a la tal Kenya —intervino Zack—, pero creo que su boda es precipitada. Tiene solo 19 años.

—Tal vez está muy enamorada y no desea esperar más —aventuré.

—El amor no debe encadenarte, debe ayudarte a crecer —replicó—, especialmente a una edad tan vulnerable. Además, si se aman de verdad, no tienen que apresurarse. Tendrán el resto de la vida para amarse —agregó, dejándome pensativa.

—Habló el que más sabe sobre el amor —respondió Caleb, burlesco.

—Conozco los sacrificios que se hacen por amor... —murmuró con la mirada perdida.

—Hola, chicos —saludó Paris, quien llevaba un hermoso y largo vestido color salmón, interceptándonos repentinamente—. Me alegra que vinieran. Tus padres están por allá, Cale —nos informó, señalando los asientos—. Pensé que llegarían juntos.

—Nos atrasamos y mi madre no quería perderse nada —mintió Caleb.

Mi mejor amigo había optado por asistir a los eventos solo con nosotros para evitar discusiones con sus padres. Me pregunto si Gemma algún día dejará de odiarnos. Parecía que disfrutaba hacer infeliz a los otros para sentirse mejor con su propia infelicidad. Es una auténtica pena que aún no haya concientizado que esa actitud no traerá a Clara de vuelta, solo la alejará más de su único hijo.

—Los acompañaré a sus asientos —se ofreció, guiándonos—. Mi tía me dejó a cargo del recibimiento de los invitados. Todo debe salir perfecto hoy —emitió, animada. Sin embargo, un brillo de preocupación casi imperceptible cruzó su mirada, pero rápidamente volvió a sonreír, disimulando a la perfección.

¿Acaso había algún motivo que ponía en riesgo el éxito de la boda?

—Évett luce un poco tenso, ¿no? —comentó Caleb al ver al susodicho con un elegante traje sobre el altar.

—Sí, la novia está atrasada —contestó Paris con un tono extraño—. Bueno, seguiré recibiendo a los invitados. Hasta luego —se despidió y luego se marchó para continuar su labor.

El secreto más evidente [R2] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora