El resto del tiempo en la pizzería transcurrió rápidamente entre las risas y la buena conversación. Flori, justo como recordaba, era la niña más dulce y cariñosa. Definitivamente era el rayo de luz que necesitaba en mi vida.
Cuando nuestro paseo concluyó nos despedimos de Zack y tomamos un taxi rumbo a mi antiguo hogar.
—¡Me divertí mucho hoy, Phoebe! —exclamó mi hermana al llegar.
—Me alegro, Flori. —Sonreí, caminando junto a ella hacia la puerta de la casa.
—Hace mucho no salía de paseo. Papá siempre me deja en casa —se quejó con un puchero, provocando que mi entrecejo se hundiera.
La crianza y el cuidado de Taylor me preocuban. Él aseguraba ser un buen padre, pero yo lo conocía y sabía que no valía nada. Sin embargo, Flori lucía mental y físicamente saludable, aunque estaba un poco delgada.
—Flori —emití, agachándome para quedar a su altura—, ¿Taylor... es bueno contigo? —pregunté, temerosa.
—¿Papá? —repitió, extrañada—. ¡Sí, es el mejor papá del mundo! —aseguró con una sonrisa, lo cual me tranquilizó, aunque una parte de mí continuaba desconfiada.
—¿Él nunca ha hecho nada... raro? —insistí, palpando sus pequeños hombros.
—¿Algo como qué? —indagó, ladeando la cabeza, confundida.
—Nada, olvídalo... —respondí, desviando la mirada, esquiva.
—Bueno, a veces papá me encierra en el cuarto y pone música muy fuerte —confesó de repente, llamando mi atención—, pero son lindas canciones —agregó, dulce y sonriente.
Ante sus inocentes palabras mi piel se erizó mientras tragaba con fuerza; sintiendo una incipiente, pero notable opresión en el pecho.
Nada había cambiado...
Esta casa continuaba siendo el mismo infierno y yo debía sacar a mi hermana de aquí antes de que su luz se apagara para siempre.
—¿Qué pasa, Phoebe? —me sacó de mi ensimismamiento.
—Nada —mentí, intentando disimular mi temor y preocupación—. Debo irme, Flori. Pronto vendré a visitarte —aseguré, dándole un fuerte abrazo.
Me dolía dejar a mi hermana bajo el cuidado de ese hombre, pero pronto la sacaría de este lugar. No podía permitir que destruyeran su infancia como hicieron conmigo.
—¿Lo prometes? —murmuró, bajando la mirada.
—Claro que sí, Flori. No me apartaré de tu lado —dije, acunando su pequeño y triste rostro.
—La última vez que viniste te fuiste —replicó con ojos vidriosos.
—¿La última vez? —repetí, confundida, pero luego entendí a qué se refería.
—Pensé que había sido mi imaginación, pero no... Sí eras tú, Phoebe... Te llamé, pero aun así te fuiste... —relató mientras las lágrimas se acumulaban en sus ojos color avellana, provocando que mi corazón se quebrara debido a la culpa.
—Flori, yo... lo lamento tanto... No estaba lista para verte en ese momento —intenté justificarme, dolida ante su tristeza.
—¿Por qué no? —exigió saber.
—Porque... —balbuceé, desviando la mirada sin saber qué responder.
—Phoebe, ¿por qué te fuiste? —volvió a preguntar.
—Tenía miedo de enfrentare, Flori... —confesé.
—No... ¿por qué te fuiste hace 4 años? —reestructuró su interrogante, clavando sus ojos inquisitivos, curiosos y llenos de dolor sobre mí, lo cual dio vida a uno de mis mayores miedos.
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El secreto más evidente [R2]
RomanceTrilogía REFORMERS. Libro 2. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Desde pequeña Phoebe Warm sufrió la amarga experiencia del desamor, ya que creció en un lugar sombrío e infernal. En medio de su caótico mundo solo...
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