Capítulo 25: Vacío

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Al día siguiente Cora nos invitó a Flori y a mí a pasear por el parque, puesto que no nos veíamos hace mucho. Además, necesitaba tiempo con mis chicas favoritas para despejar mi mente.

Estaba muy preocupada con respecto al productor, Alfred Russell. La próxima semana saldría de la ciudad por negocios, así que nos citó este viernes en su estudio, reiterando sus ansias por escuchar nuestra música. Yo le aseguré que teníamos una canción, pero era una vil mentira. Por tanto, si no lograba componer una antes del viernes, nuestra posibilidad de ser contratados desaparecería.

En este momento me encontraba en el parque, sentada en un banco y rodeada por la inspiradora naturaleza esperando a Cora y a mi hermana mientras rayaba con un bolígrafo, por enésima vez, un verso que había escrito en mi libreta.

—Soy un desastre... —opiné, agobiada, al ver la hoja llena de tachaduras y garabatos.

Jamás pensé que escribir la letra de una canción sería tan complicado.

—No debí mentir —lamenté, cubriendo mi rostro con el cuaderno—. No, Phoebe, no puedes rendirte —declaré, abofeteado suavemente mi rostro con ambas manos.

Había superado numerosos y complejos obstáculos a lo largo de mis 19 años de vida. Una simple canción no me derribaría. Después de un profundo suspiro di vuelta a la página para volver a empezar.

¿Sobre qué podría escribir?

Lo primero que vino a mi mente fue el amor...

Era un tema muy recurrente en la música con el que todos podrían sentirse identificados. Después de todo, ¿a quién no le gustaría amar y ser amado? Sin embargo, sentía que todo estaba dicho al respecto. Además, no tenía mucha experiencia porque, aunque amaba profundamente a Zack, él no me correspondía.

—Hola, Pheebs —me saludó Bélgica, aproximándose con un precioso border collie blanco y negro.

—Bel, hola —contesté, sonriente.

—Lamento interrumpirte —dijo, mirando mi cuaderno, el cual aparté con resignación, puesto que no logré escribir ni una estrofa decente.

—No, tranquila. No pasa nada. Siéntate —le pedí—. ¡Qué perro tan hermoso! Siempre quise tener uno —confesé.

—Su nombre es Pickles —me informó.

—Seguro Bel te lo dice todo el tiempo, pero eres muy hermoso, Pickles —emití, acariciándolo mientras él movía su cola alegremente. 

—Por cierto, ¿qué estabas haciendo? —preguntó, curiosa, depositando la mirada en mi libreta nuevamente.

—Un desastre —contesté, decepcionada—. Intentaba escribir la letra de una canción, pero solo hago basura. No tengo talento para componer.

—No seas tan dura contigo misma —intentó animarme, palpando mi hombro alentadoramente.

—Es la verdad, Bel —refuté—. Llevo mucho tiempo intentando componer tan solo una canción y no lo consigo. Ninguna de las letras que logro me gustan. No me transmiten nada. Zack y Caleb ni siquiera se inmutan en intentarlo. A veces siento que soy la única que se esfuerza por la banda, pero a la vez siento que no tengo talento para esto, que soy solo una voz bonita y ya —me desahogué.

—No digas eso, Pheebs. Tienes mucha presencia escénica. Eres hermosa, tienes una gran voz, tocas perfectamente el bajo, eres una líder extraordinaria y te apasiona lo que haces —opinó—. Tal vez tu problema en la composición radica en que buscas hablar de un tema equivocado.

—¿Qué quieres decir? —me mostré confundida. El amor me parecía un excelente tema.

—No lo sé... Tal vez deberías ser más personal y buscar en tus vivencias, en tu tormento, en tus miedos... A veces el arte nace de los momentos más dolorosos —aventuró.

El secreto más evidente [R2] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora