Capítulo 38: Hogar

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Si alguna vez te preguntaran qué es la felicidad, ¿cuál sería tu respuesta?

Si alguien me hubiese hecho esa pregunta antes, probablemente no habría sabido qué responder; pero justo ahora la respuesta estaba ante mí.

Estar acostada junto a Zack en el viejo sofá de nuestra casa, contemplando el techo, abrazados, era la sensación de felicidad más pura que había experimentado en toda mi existencia.

Nunca creí que algo tan simple pudiera llenarme de tanta dicha.

—Creo que deberíamos levantarnos —opiné, rompiendo el silencio—. Llevamos horas aquí.

—Podría quedarme el resto de la vida así —replicó suavemente, abrazándome con fuerza mientras apoyaba su rostro sobre mi cabeza, haciéndome sentir acogida.

Jamás pensé que algún día estaría así con Zack. Parecía un sueño... y temía despertar en cualquier momento.

Lentamente me alcé hasta depositar mis manos sobre su pecho, apoyando mi barbilla sobre estas para contemplarlo, cautivada.

—Eres tan hermosa... —dijo de repente, acariciando mi mejilla—. Tu cara está muy roja —comentó, sonriente, provocando que cubriera mi rostro, avergonzada—. Siempre te sonrojas por cualquier cosa —agregó, divertido y relajado.

—No, solo cuando me miras o dices algo como... lo de ahora... —refuté, jugueteando con mis dedos.

—¿Algo como qué? —inquirió, arqueando una ceja—. ¿Que eres muy hermosa? —repitió—. Es lo que pienso. Sé que no lo dije mucho, pero siempre lo he pensado... —confesó—, y a partir de ahora lo repetiré hasta que te canses de escucharlo.

—Nunca me cansaré —admití, sosteniendo su mirada.

—Me alegra porque, aunque te cansaras, no me iba a detener —reconoció, divertido, lo cual provocó que cubriera mi rostro nuevamente—. Desde que eras pequeña te sonrojabas mucho —rememoró, apartando mi flequillo con sus dedos.

—Es porque desde pequeña me gustabas —confesé con un puchero, avergonzada.

—Recuerdo el día que nos mudamos al vecindario —dijo repentinamente, pensativo—. Los cambios siempre fueron difíciles para mí, así que no estaba muy contento; pero eso cambió cuando vi a una niña a lo lejos... Tenía el cabello dorado y llevaba un vestido azul. Su mamá tiraba de su mano para que caminara —continuó su relato—. Al parecer, ella no tenía muchas ganas de entrar a casa... En ese momento no me detuve a analizar el trasfondo de la situación. Solo pensé "Wow, qué niña tan linda. Cuando crezca quiero que sea mi novia". Luego supe que, además de hermosa, esa niña era dulce y alegre... Siempre tenía espacio en su corazón para preocuparse por otros y para sonreír a pesar de todo lo que vivía... —prosiguió, sosteniendo mi mirada vidriosa y conmovida—. Mi yo de 9 años estaría feliz de saber que cumplí su mayor deseo: ser novio de aquella niña... aunque durante mucho tiempo sentí que no lo merecía —agregó con culpabilidad.

—Zack...

—Ya sé lo que dirás —me interrumpió—, pero no puedo olvidar lo que sucedió, Phoebe.

—Jamás te pediría que lo olvides... —aseguré—. ¿Crees que Cale olvidó a Clara? No, pero siguió adelante. Donde sea que estén ellos te desean lo mejor —añadí para hacerlo sentir mejor. No obstante, realmente lo pensaba.

El secreto más evidente [R2] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora