13. |Adrien Alexei Le Brun|

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Capítulo 13

Adrien Alexei Le Brun

*N/A al final*

2 de Abril

—Mierda, no lo hagas —suplica Alex a mi lado. Le obsequio una breve mirada y encojo mis hombros de manera indiferente. No me va a impedir hacer nada, a pesar de sus consejos yo sigo haciendo lo que se me pega la gana, y eso él no lo va a cambiar, aunque quiera.

—No jodas Alex. Anda con tu amiga la prostituta y déjame drogarme en paz —siseo ajustando mi chaqueta negra y poniéndome en pie. El castaño hace una mueca de fastidio e intenta tocarme, instintivamente doy un paso hacia atrás. Cero contacto físico.

—No le digas así, ella no es como piensas—defiende y alborota su cabello.

Río sin humor, ya lo cegó.

—Me importa una mierda Alexander, estoy libre de su vocecita irritante por dos largos y hermosos días; así que si me permites, —le doy un leve empujón y lo quito de mi camino —, me largo de aquí, la coca me espera.

Sin esperar su respuesta, que de seguro no me va a gustar, giro la perilla y salgo, la fuerte resolana golpeando mi rostro.

Me encamino hacia el punto donde siempre compro la droga y para pasar el rato, me fumo un porro. No es que sea amante de ellos, pero uno al año no hace daño.

Suspiro con cansancio y me coloco unos lentes del sol. Visitar a Alex siempre es un jodido problema. Insiste con las mismas cantaletas desde hace tres años: No tomes alcohol, eso te va a matar. Estoy harto de decirle que no se meta en mi vida, que soy adulto y que mis problemas son así, míos, no de él, sin embargo, no entiende.

Pese a que a veces resulta ser molesto, debo confesar que admiro su fuerza de voluntad, cualquiera me hubiese abandonado y obsequiado buen puñetazo, me lo merezco. Mi humor no es el mejor y encontrar un amigo que me aguante y que sobre todo me quiera, vale oro. Alex vale oro.

Aunque me joda cada día de mi existencia.

Le agradezco que me haya ayudado a descubrir una nueva forma de desahogarme con algo que no sean mis vicios, que cabe aclarar son cosas con las cuales él no está de acuerdo. Cantar en el Bar ha sido un escape de la tormenta en la que vive mi mente, y aunque me gusta, por no decir que amo lo que hago, no es suficiente. Mi pasado sigue ahí, más cerca que nunca y más lejos de lo que algún día estuvo.

Treinta y seis  meses hundiéndome en la miseria, fuera de mi casa materna, y en la soledad de mi apartamento, acompañado únicamente por unas botellas de vodka y unas cuántas cervezas.

El trabajo paga bien, por lo menos me da para lo que consumo como supuesto alimento y también para satisfacer la adicción que adquirí hace cuatro meses. Hacerlo una o dos veces por semana, no resulta tan costoso.

—Dame la dosis de siempre — le ordeno al rubio encargado de esta porquería. El lugar es uno de los más concurridos en Lyon, pues el muy maldito tiene la mejor mercancía de la zona, no está mezclada ni nada por el estilo, es pura, como a mí me gusta.

Para conseguir ese beneficio, debes rebuscar mucho, la mayoría son ligas de diferentes polvos y una que otra porción de la sustancia original. Yo tuve que andar y probar algunos mierdas para saber cuál era el mejor. Eso sí, con el mayor de los cuidados. La policía está al tanto de cada investigación, así que el gran Hugo debe de cubrirse la espalda y los que le compramos también.

La came c'est bon, les marchandises sont arrivées hier, vous avez de la chance. (1) — sonríe y me entrega el pase con aparente indiferencia, cualquiera que entrara en este momento no pensaría mal, la expresión habla mucho de una persona.

Asiento complacido y le entrego el dinero correspondiente para luego abandonar la oscura y bien escondida esquina de contrabando.

Guardo el sobre en el bolsillo delantero de mi pantalón, y acomodo la gorra que me cubre del candente sol que abraza la ciudad.

Abro la puerta de mi hogar, o lo que quiere ser el cuartucho donde vivo, e ingreso soltando las llaves sobre el sillón que reposa cerca del armazón.

Ignoro el desastre que mancha de mugre y descuido la acogedora sala y me ubico en la mesa que está en el centro. Cortesía de mi amigo barman. Si supiera para qué la uso, de seguro me obligaría a dársela. A decir verdad, no recuerdo la última vez que comí en ella, no creo que las pizzas y las hamburguesas requieran de tanta formalidad, es por eso que la utilizo para darme un pase que me lleve al infinito.

Busco un trozo de periódico y lo abro sobre la plana superficie. Saco el sobre de mi bolsillo y con naturalidad logro esparcir la contaminante, pero deliciosa sustancia. Tomo una carta del desayunador que está cerca de la mesa, y separo la cocaína en pequeñas porciones. Enrollo un billete que es dedicado solo para esto y me siento en una de las sillas del comedor. Inclino la cabeza y coloco el tubo en uno de mis orificios nasales.

Inspiro de forma suave y consistente, el narcótico abriendo paso en mi sistema. Repito la acción tres veces más y los efectos se dejan sentir en cada una de mis terminaciones.

Una conocida, pero repentina euforia se apodera de mí, y una risa incontrolable comienza a afectarme. Con un semblante de felicidad, termino lo que me queda y me acomodo estirando los pies y mis brazos rozando el piso.

La cabeza me da vueltas y ahora creo que el mundo es mejor. Los pájaros cantan y el cielo brilla con su flamante esplendor. Todo es hermoso y alegre, los problemas desaparecen y solo queda la necesidad de vivir sin preocupaciones y tomando los riesgos que se nos presenten.

Creo que mi pulso se dispara, pues los latidos de mi corazón van en aumento. Libero una carcajada e intento levantarme, tengo sed. Doy unas cuántas zancadas y justo antes de llegar, choco con la pared. ¿Dónde estaba? ¿Cómo apareció ahí? Mierda.

Sobo mi nariz adolorida y me dejo caer al suelo en un resoplido molesto. Observo la cicatriz al inicio de mi brazo y los tatuajes que recubren mi piel, entonces siento que el tiempo se detiene y una ola de recuerdos me acribilla sin contemplación.

El sudor perlaba mi frente y el sentimiento de culpabilidad, reinaba en cada una de mis entrañas. La respiración me era defectuosa y pesada y una carga invisible se cernía ferozmente sobre mi espalda.

Mordí mi labio inferior con tanta brutalidad, que juré que la sangre saldría a borbotones. Mi pecho ardía y mi cuerpo picaba atrozmente.

«Fue un accidente, fue un accidente»

Abro los ojos con pesadez y descubro que parte de mi pesadilla se hace realidad. Mis pulmones han sufrido un colapso y un ligero temblor me invade sin misericordia.

Mi vista se torna borrosa y debo comenzar a buscar aire con celeridad. Me quito la chaqueta en un acto desesperado y agarro mi suéter, intentando apartarlo de mí. La lengua me pesa y la palidez de mis manos comienza a asustarme.

«Declarado inocente, el susodicho presenta graves problemas psicológicos»

****

1. La droga es buena, la mercancía me llegó ayer, estás de suerte.

¡Hola!

¡Sorpresaaaaa!

¿Cómo están? Yo triste, mi teléfono se dañó al igual que mi pc, así que es posible que no suba durante una o dos semanas. Estoy sin comunicación :/

En fin, este capítulo lo pude escribir en un cuaderno y lo pasé  al cel de mi madre. Le cerré su cuenta y abrí la mía  (soy bien malota e_é) y así fue que pude, pa' que vean que los amo ♡

Otra cosa, dentro de dos semanas les recomiendo que se den una breve releída a la historia, ya que la estoy editando. Una chica, que es mi BR me está ayudando a mejorar algunas cosas y habrán algunos cambios. Nombres, (no son los principales, descuiden) y una que otra cosa ^_^

Nos vemos, voten y comenten *---* hoy hemos tenido una partesita de mi vida ^^ Adrien es besho (?) Y ha sufrido u,u

Los amo, ¡gracias por todo! Vamos a los 10K, ustedes pueden, yo lo sé.

Ross fuera, bendiciones ^^

Save Him ® Secretos #1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora