28. |Culpa|

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Capítulo 28

Culpa

7 de Junio

Mi respiración es errática y mi ritmo cardíaco, un motor acelerado. En este momento no puedo precisar una oración coherente, es imposible. Solo  pienso en que el hombre que me odia por una maldita confusión, está a un paso de mi boca, con una expresión indescifrable y con su suave aroma invadiendo mis fosas nasales.

Su altura me impone y justo ahora soy un manojo de nervios. Me siento más pequeña de lo normal.

—A-adrien —murmuro con la garganta seca. Su mirada se torna vulnerable y entonces sucede... Mi mundo se detiene por un instante.

—¿Por qué haces esto?, ¿por qué te empeñas en jugar con mi mente? —En cuanto estas palabras abandonan sus labios, el corazón se me estruja y me convierto en un reflejo de su dolor. Percibo el manantial que lucha por salir de sus ojos y debo controlarme para no chillar junto a él.

Tomo una bocanada de aire y me ordeno mantener la calma. Hay muchos impulsos que luchan por salir, muchas ideas que necesitan ser expresadas y un montón de dudas que deben ser resueltas.

Adrien está sufriendo y es algo que va más allá de mi capacidad para soportar. Me lastima en gran manera y sé que no es por simple preocupación. Hay algo a lo cual no le quiero poner nombre, que está naciendo en lo profundo de mi corazón y que me induce a sentir esa desesperación por quitar el peso de su calvario y sacar de a poco, las espinas que rozan en su interior.

Y asusta. Realmente lo hace.

—Pero no te estoy haciendo nada...

Su resoplido furioso me interrumpe y tengo la sensación de que debo callarme y dejar que se desahogue.

—¡Claro que lo haces! ¡Llegas y finges que no ha pasado nada! ¡Te haces la mosquita muerta! ¡Ahora tienes un maldito novio! ¡Te metes en problemas! Y para colmo me dices que no eres quien creo. ¿¡Qué es lo que buscas de mí!? —estalla encolerizado. Dos gotas espesas caen por su rostro y juro que  me siento como el peor monstruo del universo. Un nudo se forma en mi estómago y la impotencia me arrastra hacia su fúnebre agujero. Le Brun las limpia con brusquedad y vuelve a su estado impenetrable estado hermético. Por un mísero segundo parece avergonzado, y las ganas de consolarlo y eliminar sus cicatrices, comienzan a  quemar en mi interior. Para él, mostrarse de esa manera, representa debilidad, una flecha que indica que es tonto y estúpido. Estoy casi segura de que lo que menos desea es que yo lo catalogue como alguien de ese tipo.

Él es muy orgulloso, terco, gruñón... Y no obstante, aún quiero ayudarlo a liberarse de todas las cadenas que lo atan a su pasado. Sé que  mi ardiente deseo  por sacarlo de su letargo es insuficiente, no soy una psicóloga capacitada para ese tipo de cosas, sin embargo, tengo la certeza de que con empeño, podría ser como un dulce bálsamo que refresca su alma y un sostén que le daría la fuerza necesaria para empezar desde cero en su nueva vida. Una vida lejos de la tristeza.

Respiro hondo y sin proponérmelo, le doy riendas sueltas a mis instinto mientras sostengo sus grandes manos entre las mías. Deshago los puños que se han formado y que son testigos de  la rabia que él está sintiendo y, en un rápido movimiento, me acerco -si eso es posible- un milímetro más a su cuerpo.

Su reacción es espontánea, se tensa de inmediato y sus pupilas se dilatan. Me asusto porque quizás puede zafarse de mala manera, pero, ante todo pronóstico, no hace nada para mermar el agarre y eso me sorprende. En un rápido parpadeo, sus iris se tiñen de un gris oscuro y sus labios se entre abren. Cae de rodillas en frente de mí y agacha su cabeza en una clara muestra de culpabilidad consigo mismo.

Save Him ® Secretos #1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora