Hace siglos, la humanidad, asolada por interminables conflictos y discordias, tomó una drástica decisión: dividirse en cuatro grandes distritos, cada uno regido por el poder de un elemento primordial. Así nacieron Pyrosia, el distrito del Fuego; Aqu...
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El amanecer me encontró envuelta en los brazos de Mina. Sentí la calidez de su cuerpo contra el mío y, por un breve instante, me permití disfrutar de esa cercanía. Pero sabía que no podíamos quedarnos así por mucho más tiempo. Con cuidado, me aparté de ella, ignorando el pequeño suspiro de protesta que escapó de sus labios mientras lo hacía.
—Chicas, es hora de seguir— murmuré suavemente, tratando de no alterar demasiado el tranquilo ambiente que nos rodeaba.
A medida que las demás se iban levantando, no pude evitar notar esos pequeños detalles que, desde hace un tiempo, me resultaban casi imposibles de ignorar: la forma en que Jihyo me miraba con una mezcla de admiración y algo más profundo, la sonrisa tímida de Tzuyu cuando nuestros ojos se cruzaron, o el leve roce "accidental" de la mano de Nayeon contra la mía mientras recogíamos el campamento.
—¿Qué haremos hoy, ____?— preguntó Jihyo estirándose de una manera que me distrajo momentáneamente.
Sacudí la cabeza, intentando enfocarme en la misión.
—Seguiremos hacia el este— señalé el horizonte —El Santuario de Gaia debería estar en esa dirección, según los mapas antiguos que revisamos
Nos pusimos en marcha, caminando a través de paisajes que parecían sacados de un sueño. Árboles con cortezas cristalinas, arroyos brillantes como arcoíris y colinas cubiertas de flores que cambiaban de color con el viento. Pero lo que más me sorprendía era el asombro en los rostros de las chicas.
—Es... hermoso— suspiró Sana, y no pude evitar pensar que ella lo era aún más.
—Y peligroso— añadió Jeongyeon, siempre alerta, haciendo que mi corazón latiera un poco más rápido ante su dedicación.
Mientras cruzábamos un valle cubierto de hierba plateada, Chaeyoung se detuvo de repente.
—¿Escucharon eso?— murmuró, sus ojos afilados buscando algo en el horizonte.
Fue entonces cuando el gruñido-zumbido llenó el aire, un sonido que hizo que todos mis sentidos se pusieran en alerta. Y de repente, lo vi: un Volteon, emergiendo de la hierba alta, sus ojos brillando con electricidad pura.
—¡Es un Volteon!— exclamé junto con Mina al mismo tiempo. Nuestras miradas se cruzaron por un breve segundo, y en ese instante, sentí una conexión aún más profunda con ella.
—¿Cómo lo saben?— preguntó Tzuyu, claramente sorprendida.
—Lo leí en uno de los libros que ____ me prestó— respondió Mina, y no pude evitar sentirme orgullosa de ella, aunque solo fuera por un momento, antes de que el peligro volviera a capturar toda mi atención.
—Tengan cuidado— advertí rápidamente. —Sus rugidos pueden desorientar y su electricidad paraliza. ¡Manténganse alerta!
Ver a las chicas moverse en formación, utilizando las habilidades que les había enseñado, me llenó de un orgullo indescriptible. Nayeon y Jeongyeon atacando en sincronía, Momo y Sana creando escudos de agua, Dahyun y Chaeyoung flanqueando con gracia... cada una brillaba con una luz propia.