Hace siglos, la humanidad, asolada por interminables conflictos y discordias, tomó una drástica decisión: dividirse en cuatro grandes distritos, cada uno regido por el poder de un elemento primordial. Así nacieron Pyrosia, el distrito del Fuego; Aqu...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Luego de pasar las Nymfryas, me acerqué a Momo con calma y delicadamente tomé su mano entre las mías.
—Prefiero que estés cerca mío, para que no vuelvas a presionar algo más —le dije suavemente, viendo cómo sus mejillas comenzaban a teñirse de un ligero rubor.
—Lo siento por eso, no me di cuenta —respondió con voz baja, claramente avergonzada por el incidente.
Le sonreí con ternura, intentando calmarla. —Está bien, le podría haber pasado a cualquiera.
Acaricié su mano con mi pulgar, dibujando pequeños círculos sobre su piel. Al instante, una sonrisa tímida apareció en el rostro de Momo, relajando su expresión y haciéndome sentir que, a pesar de todo lo que habíamos pasado, estábamos bien.
Después de ese breve momento con Momo, seguimos avanzando con cautela. El camino estaba más oscuro ahora, y el aire pesado hacía que cada paso resonara más fuerte de lo normal. Mis manos seguían encendidas con una pequeña llama para iluminar el entorno. De repente, llegamos a una gran sala circular con un altar en el centro, rodeado por estatuas imponentes de figuras antiguas. Los ojos de cada estatua brillaban tenuemente, como si estuvieran observándonos.
—Parece otro acertijo —murmuró Jeongyeon, observando el patrón en el suelo que formaba un intrincado mosaico.
Agnis saltó de mi hombro y comenzó a volar por el lugar, deteniéndose arriba de una estatua.
—Hay algo escrito en las estatuas —dijo Mina, mientras veía donde el dragón se había posado
Nos acercamos a una de las estatuas y leímos la inscripción:
"Solo cuando las cuatro fuerzas estén en armonía, el camino se abrirá. El fuego da vida, el agua fluye, el aire susurra y la tierra sostiene."
—¿Cuatro fuerzas? —preguntó Sana, mirando el altar vacío— Nosotras solo controlamos el agua.
—Yo controlo los cuatro —dije, al recordar que había adquirido los poderes de los cuatro elementos— Tal vez esa sea la clave.
—Entonces, esto depende de ti —comentó Jihyo, confiando en que era la indicada para resolver el acertijo.
Caminé hacia el altar, sabiendo que debía usar mis poderes con precisión. Extendí una mano y dejé que una pequeña llama de fuego bailara sobre el altar. Luego invoqué una suave corriente de aire para rodear la llama. Acto seguido, con mi otra mano, manipulé la tierra a nuestros pies, haciendo que pequeñas rocas se movieran hacia el altar. Finalmente, el agua de las chicas fluyó a mi alrededor y la hice orbitar sobre la llama.
—El fuego, el agua, el aire y la tierra... —murmuré, concentrada en mantener el equilibrio de los cuatro elementos.
A medida que todos los elementos se encontraban sobre el altar, las estatuas comenzaron a brillar intensamente, y el mosaico en el suelo empezó a moverse, revelando un pasadizo oculto.