Hace siglos, la humanidad, asolada por interminables conflictos y discordias, tomó una drástica decisión: dividirse en cuatro grandes distritos, cada uno regido por el poder de un elemento primordial. Así nacieron Pyrosia, el distrito del Fuego; Aqu...
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El amanecer nos encontró dejando atrás la seguridad de la cueva, con Agnis volando en círculos sobre nuestras cabezas, ocasionalmente descendiendo para frotar su cabeza contra mi mejilla. El camino hacia el Santuario se extendía ante nosotras, serpenteando entre antiguos árboles cubiertos de musgo.
—¿Están seguras que es por aquí? —preguntó Chaeyoung, estudiando el mapa junto a Jeongyeon.
—El mapa es claro —respondió Mina, señalando una marca antigua— El Santuario está más allá del Bosque de las Sombras.
De repente, Agnis soltó un chillido de advertencia. Antes de que pudiéramos reaccionar, una bestia emergió de entre los árboles. Era una criatura masiva, similar a un tigre pero con escamas en lugar de pelaje, y sus ojos brillaban con un inquietante tono púrpura.
—¡Cuidado! —gritó Jihyo, desenvainando su espada— ¡No puedo usar mis poderes!
Todas intentamos invocar nuestros poderes, sin éxito. La bestia emanaba algún tipo de campo que los bloqueaba.
—¡Formación de combate! —ordenó Nayeon, tomando posición.
La batalla comenzó fieramente. Momo y Sana atacaban los flancos mientras Tzuyu y Dahyun buscaban puntos débiles. La bestia era rápida a pesar de su tamaño, y de su boca goteaba un líquido viscoso que humeaba al tocar el suelo.
De pronto, la criatura sacudió su cuerpo violentamente, liberando una nube de esporas brillantes. Jihyo, Chaeyoung y Mina fueron alcanzadas directamente.
—¡No respiren las esporas! —advirtió Tzuyu, pero era tarde.
Vi cómo los ojos de mis tres destinadas se nublaban, tornándose del mismo color púrpura que los de la bestia. Cuando me miraron, ya no había reconocimiento en sus rostros.
—¡Es el enemigo! —gritó Chaeyoung, su voz irreconocible— ¡Está intentando llegar al Collar!
—No, esperen... —intenté razonar, esquivando apenas el primer ataque de Jihyo.
—¡Debemos detenerla! —Mina se unió al ataque, su habitual dulzura reemplazada por una determinación letal.
Agnis volaba frenéticamente sobre nosotras, soltando pequeños rugidos de angustia, sin saber cómo ayudar.
—¡Chicas, soy yo! —grité, bloqueando un golpe de Chaeyoung con mi espada, pero sin contraatacar.
Nayeon gritó desde donde luchaba contra la bestia: —¡Resiste! ¡Encontraremos la forma de liberarlas!
Las espadas de mis destinadas encontraban su marca una y otra vez. Me negaba a lastimarlas, así que solo podía bloquear y recibir los golpes que no alcanzaba a evitar. Sentía la sangre empapando mi ropa, pero no podía retroceder.
—Por favor... —supliqué, mirando a los ojos de Jihyo mientras su espada cortaba mi brazo— Sé que están ahí dentro...
Sana gritó desde la batalla principal: —¡La bestia! ¡Si la derrotamos, tal vez el efecto termine!