Capítulo 12: Esporas del Pánico

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Al día siguiente

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Narra ____:

Después de pasar la noche en una pequeña explanada, decidimos seguir avanzando hacia el Santuario de Gaia. Cada vez quedaba menos para llegar. Nos adentramos en un bosque pantanoso y lleno de musgo. La relación con las chicas del distrito del agua estaba mejorando considerablemente.
Caminábamos por senderos angostos, rodeados de una densa vegetación y formaciones rocosas que hacían el terreno difícil de transitar.

—¿Cuánto falta para llegar? —preguntó Momo, con un tono de voz cansada.

—No mucho —respondí— Solo mantengan los ojos abiertos y sigan mi ritmo.

Avanzamos con cautela cuando, de repente, Sana se detuvo.

—Ya me cansé, ____ —comentó mientras se dirigía a sentarse en una roca peculiar.

Me acerqué rápidamente al ver que Sana estaba a punto de tocar la roca.

—¡No! ¡No la toques! —grité, pero fue demasiado tarde.

En el momento en que sus dedos rozaron la superficie musgosa del Mossilith, una nube de esporas se liberó en el aire. Sana se tambaleó hacia atrás, sus ojos se volvieron vidriosos y su respiración se volvió irregular.

—¡Sana! —gritó Jihyo, corriendo hacia ella.

—No se acerquen demasiado, esas esporas son peligrosas —advertí, intentando mantener la calma—Las esporas causan alucinaciones y desorientación. Los Mossilith atraen a sus víctimas a áreas peligrosas, como acantilados o pantanos, así que tengan mucho cuidado a su alrededor —les advertí mientras las chicas miraban a su alrededor para no encontrarse con alguna de esas cosas.

Sana comenzó a murmurar incoherencias, sus ojos se llenaron de pánico y empezó a correr sin dirección fija.

—¡Sana, detente! —gritó Dahyun, asustada, pero Sana no respondía.

Vi con horror cómo Sana corría directo hacia un acantilado cercano, sus pasos erráticos la llevaban peligrosamente cerca del borde. Sin pensarlo dos veces, corrí tras ella, aprovechando mi velocidad y agilidad.

El borde del acantilado estaba a pocos metros cuando alcancé a Sana. En el último momento, la sujeté por el brazo y la jalé hacia atrás con todas mis fuerzas, cayendo ambas al suelo a pocos centímetros del precipicio.

Pero el caos no terminó ahí. Sana, completamente desorientada por las esporas, se zafó de mi agarre y volvió a correr hacia el borde del acantilado. Corrí tras ella, justo cuando sus pies dejaron el suelo y comenzó a caer.

En un movimiento desesperado, me lancé y logré agarrar su muñeca en el aire. Sana quedó colgando sobre el vacío, con mis dedos apretando su muñeca con todas mis fuerzas.

—¡Aguanta, Sana! —grité, luchando por mantener mi agarre mientras el peso de su cuerpo tiraba de mí hacia el borde— ¡Por favor, no te sueltes!

CRY FOR ME [Twice x tu]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora