Hace siglos, la humanidad, asolada por interminables conflictos y discordias, tomó una drástica decisión: dividirse en cuatro grandes distritos, cada uno regido por el poder de un elemento primordial. Así nacieron Pyrosia, el distrito del Fuego; Aqu...
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La oscuridad que me envolvía comenzó a disiparse lentamente. Sentí una suave brisa acariciar mi rostro y, a lo lejos, escuché murmullos de voces familiares. Mis párpados pesaban, pero con esfuerzo logré abrirlos.
Lo primero que vi fue el rostro de Momo, sus ojos brillantes y llenos de alivio.
—¡Está despertando! —exclamó emocionada. Pronto me vi rodeada por todas las chicas.
—¿Qué... qué sucedió? —murmuré, con la voz ronca tras haber estado tanto tiempo sin hablar.
Jihyo se acercó y me ofreció un vaso de agua. —Has estado inconsciente por dos días, ____. Nos tenías muy preocupadas.
Bebí con gratitud, sintiendo cómo el agua aliviaba mi garganta seca y devolvía algo de fuerza a mi cuerpo agotado. Miré a mi alrededor, desconcertada al notar que nos encontrábamos en una especie de oasis, rodeado de vegetación exuberante y una pequeña cascada que caía con suavidad.
—¿Dónde estamos? ¿Qué pasó con Infernus? —pregunté, mientras fragmentos vagos de la batalla se arremolinaban en mi mente.
Dahyun se sentó a mi lado, sus ojos llenos de emoción. —____, ¿no lo recuerdas? ¡Te convertiste en una con el aire! Fue increíble. Tu cabello se volvió blanco y... y prácticamente flotabas.
Parpadeé, sorprendida. —¿Yo hice eso?
Momo asintió, emocionada. —¡Sí! Creaste un tornado gigante y derrotaste a Infernus. Después de eso, el paisaje comenzó a transformarse, como si la tierra se hubiera liberado de una maldición.
Traté de asimilar toda esa información cuando, de repente, recordé algo crucial.
Tzuyu señaló un nido improvisado cerca del estanque. —Tranquila, lo hemos estado cuidando. Ha estado... diferente desde la batalla.
Me levanté con determinación, aunque las chicas tuvieron que ayudarme a mantener el equilibrio, y nos acercamos al nido. El huevo irradiaba una luz intensa, mucho más brillante de lo que recordaba.
—Creo que está a punto de eclosionar —murmuró Chaeyoung.
Como si sus palabras hubieran desencadenado algo, el huevo empezó a moverse. Pequeñas grietas comenzaron a aparecer en su superficie, expandiéndose rápidamente. Todas contuvimos la respiración mientras observábamos cómo la cáscara finalmente se partía.
De entre los fragmentos emergió una criatura que nos dejó sin aliento: un pequeño dragón, no más grande que un gatito, con escamas que brillaban en tonos de rojo y azul profundo,además tenía algunos detalles en su cuerpo de color blanco y verde. Sus ojos, grandes y curiosos, se movieron lentamente, examinando cada uno de nuestros rostros.
—Es hermoso —susurró Sana, maravillada.
El dragón, sin embargo, parecía algo confundido y asustado. Se encogió en el nido, observando su entorno con cautela.