Capítulo 45: La Primera Visión

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La oscuridad envolvía la cueva como un manto protector

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La oscuridad envolvía la cueva como un manto protector. La fogata había reducido sus llamas a brasas titilantes, arrojando sombras danzantes sobre las paredes de piedra. Las chicas del distrito del agua estaban profundamente dormidas, sus respiraciones acompasadas creando una melodía serena que llenaba el espacio.

Me quedé en silencio, observándolas desde mi lugar al borde del fuego. Sana murmuró algo en sueños y se aferró un poco más a su manto, mientras Jihyo y Nayeon compartían una misma postura relajada, como si incluso dormidas estuvieran en sincronía. Mina, Dahyun, Momo, Chaeyoung, Jeongyeon y Tzuyu también descansaban tranquilamente, cada una de ellas con rostros tan pacíficos que me era imposible no sentir ternura al mirarlas.

Pero yo... yo no podía dormir.

Había algo en mi pecho, un peso invisible que no me dejaba descansar. El eco de los momentos que había vivido esa noche con cada una de ellas seguía golpeando mi corazón, como si fueran memorias destinadas a quedarse grabadas para siempre. Sus palabras, sus miradas, sus caricias... Me sentía afortunada, pero también atrapada en una sensación amarga que no podía ignorar.

¡Era como si me estuviera despidiendo!

"No, no pienses eso"me regañé a mí misma, abrazando mis rodillas mientras el fuego terminaba de consumirse. "Pero... ¿y si realmente este es el final? ¿Y si esta es la última noche que compartimos así?"

El solo pensamiento hizo que mi pecho se encogiera. Me levanté con cuidado para no despertarlas y salí de la cueva, necesitando el aire fresco y la calma del mundo exterior. Agnis, que había estado enroscado cerca de mis pies, abrió los ojos y me siguió, batiendo sus pequeñas alas con energía apenas contenida.

—Vamos, pequeño... Necesito despejar mi mente —murmuré mientras salí al exterior.

La noche era inmensa, un lienzo negro salpicado de estrellas tan brillantes que parecían un millón de ojos observándome desde el infinito. La luna, redonda y majestuosa, iluminaba el bosque con una luz pálida, lo suficientemente suave como para no resultar intrusiva.

Caminé lentamente, dejando que la brisa nocturna acariciara mi rostro y despejara mis pensamientos. Agnis volaba a mi alrededor, moviendo sus diminutas alas de tonos azules y rojos, como si estuviera decidido a protegerme de cualquier amenaza.

—¿Crees que soy una tonta, Agnis? —le pregunté con una sonrisa cansada, aunque sabía que no obtendría una respuesta. Aun así, el pequeño dragón giró en el aire y aterrizó suavemente sobre mi hombro, frotando su cabecita contra la mía. La calidez de su gesto me reconfortó ligeramente.

—También tienes miedo, ¿verdad? —continué, con la voz más suave— Sientes lo mismo que yo... como si algo grande estuviera por venir.

Agnis dejó escapar un suave chillido, como si entendiera perfectamente mis palabras. Respiré profundamente y seguí caminando, permitiéndome perderme en el paisaje nocturno. A cada paso, el ruido de las hojas bajo mis botas y el canto distante de un grillo me acompañaban, llenando el silencio que había en mi mente.

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⏰ Última actualización: Feb 01 ⏰

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