Hace siglos, la humanidad, asolada por interminables conflictos y discordias, tomó una drástica decisión: dividirse en cuatro grandes distritos, cada uno regido por el poder de un elemento primordial. Así nacieron Pyrosia, el distrito del Fuego; Aqu...
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Después de caminar un poco más, encontramos un claro tranquilo para descansar. El aire estaba cargado de tensión; el encuentro con los Umbralis y la preocupación por lo que nos esperaba en el Santuario de Gaia pesaban sobre todas nosotras.
Me senté bajo un árbol, agotada. Aqnis se acurrucó en mi regazo, sus ojos brillantes mirándome con preocupación. Acaricié suavemente sus escamas, sintiendo cómo se relajaba bajo mi toque.
—Lo siento, pequeño —murmuré— Te he tenido muy preocupado, ¿verdad?
Aqnis emitió un suave chirrido y frotó su cabeza contra mi mano. Sonreí, sintiendo una oleada de amor por mi fiel compañero.
Mientras las demás se ocupaban de preparar el campamento, noté que Jihyo me miraba desde la distancia. Había algo en sus ojos, una mezcla de alivio y dolor que me hizo sentir una punzada en el corazón.
Como si hubiera leído mis pensamientos, Jihyo se acercó y me tendió la mano.
—¿Puedes caminar un poco? —preguntó suavemente— Me gustaría hablar contigo a solas.
Asentí, dejando a Aqnis con cuidado en el suelo.
—Volveré pronto —le prometí, antes de tomar la mano de Jihyo.
Nos alejamos del campamento, hasta llegar a un pequeño arroyo. El sonido del agua corriendo era relajante, contrastando con la tensión que sentía en el aire entre nosotras. Jihyo se detuvo, soltando mi mano, pero sin apartar sus ojos de mí. Por un momento, solo nos miramos en silencio.
—____ —comenzó finalmente, su voz quebrada por la emoción— Yo... necesito que entiendas algo.
Asentí, animándola a continuar.
—Cuando tuve que pelear contra ti, contra tu versión oscura... —Jihyo cerró los ojos, como si el recuerdo fuera demasiado doloroso— Fue lo más difícil que he tenido que hacer en mi vida. Cada golpe que te daba, sentía que me lo estaba dando a mí misma.
Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas, y sentí que mi corazón se rompía un poco más.
—Y luego, cuando te vi caer, cuando pensé que te habíamos perdido... —su voz se quebró por completo— Pensé que moriría contigo.
Sin poder contenerme, di un paso adelante y la abracé con fuerza. Jihyo se aferró a mí como si temiera que fuera a desaparecer en cualquier momento.
—Lo siento tanto, Jihyo —susurré contra su cabello— Siento haberte hecho pasar por todo eso. Siento haber sido tan imprudente hoy. Yo... no quiero causarles más dolor.
Jihyo se separó un poco, solo lo suficiente para mirarme a los ojos. Sus manos subieron para acunar mi rostro.
—No es tu culpa —dijo con firmeza— Nada de esto es tu culpa. Solo... por favor, no vuelvas a arriesgarte así. No soportaría perderte de nuevo.