Capítulo 47

39 2 2
                                        

Axel

Sin preguntas tontas. Y sin confesiones patéticas debo decir que... me convertí en un jodido adolescente.

Peor que eso, porque en ninguna de mis conquistas sentí como me robaban el aliento ni la única pasión que me hacía hervir la sangre.

La mafia fue mi única pasión hasta ahora, me hacía hervir la sangre con tanto placer al despojar a algún idiota de un territorio lo demasiado grande para el poco diámetro de su corteza cerebral y de sus miserables capacidades. Sin embargo ahora mi sangre se magnetiso y ahí está ella, como dueña de un jodido imán qué no sabía que existía.

Y no es un capricho, no es un jodido intento de mi ego en mantenerlo en el reinato. Para eso asesino a los capos de otras mafias, su boca junto a la mía no es ego.

Dudo que sea un capricho, mis impulsos por protegerla no tendrían tanta intensidad.

Esa noche en el hotel del ruso cuando la vi tan vulnerable algo en mí pidió entrar en sus sueños y darle la tranquilidad necesaria para quitar la desesperación en su ritmo cardíaco y disminuir la adrenalina en su respiración.

Y ni hablar del primer día en Genova, tenía ganas de hacer un pacto con el Diablo y concederle lo que quisiera con la única condición de que las lágrimas mermaran de sus ojos.

Y hasta hoy sólo puedo pensar en lo que le dije en aquella carretera solitaria, esas palabras van consumiendome cada día más. Van tomando la intensidad de un incendio que arrasa con todo sin contemplación alguna.

Así como ella me arrasa a cada segundo más que me mira con esos ojos que me recuerdan que incluso la oscuridad puede tener belleza.

Así como ahora que la veo terminar de retocarse el labial rojo qué crea en mi la ferviente idea de destruir cada trazo mínimo que ha echo con mi boca y verla jadeando por mí.

- Creo que cada vez me estoy acostumbrando más a esas miradas, pero debo confesarte algo - dice apartando la vista del espejo posicionando esos ojos que me matan en mí - siguen poniéndome como el primer día que me miraste así

- Tanto que te hacías la mojigata reprochandome sin cesar una y otra vez mis miradas

- Lo bueno jamas es fácil, además tenía razón. Eres un guarro que se dedica a desnudarme con la mirada

- Corrección, no te desnudo. Te imagino desnuda haciendo muchas cosas - expongo con una sonrisa ladina terminando de abotonar mi camisa controlando mis ganas de ir por ella

- Deberías algunas veces compartir esas fantasías, a ver que tan buenas ideas tiene el señor Meyer - comenta deteniéndose en el proceso para darme una escaneada completa - lo de postre no te hace suficiente honor

Susurra devolviendo su mirada al trabajo en el que estaba antes y dejo pasar su comentario. Si hay una parte de ella que cree que no irá a esa cita yo no seré quien la alimente.

- ¿Lista?

- Me acabo de maquillar, aún no te puedes confesar - alega divertida colocándose una delgada cadena con un ave fénix qué me recuerda la llamada pendiente que tengo

- Hasta yo te pintaría los labios de nuevo si mi objetivo inicial fuera desmaquillarte con mis propias manos, valdría la pena por verte gemir mientras te arranco el aire y te hago berrear de placer como la reina del rey

Establezco mirándola levantarse del tocador viniendo en mi dirección, hasta posarse frente a mí con una sonrisa pícara en los labios.

- Y definitivamente no de cualquiera - se inclina a acomodarme el cuello de la camisa acercándose más de lo necesario hasta que quedo cautivado del aroma que sólo lo he percibido en ella

CaosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora