Axel
Al parecer la cafeína y yo vamos a terminar siendo amantes, gracias a Dios le pedí expresamente a Brian que le dijera a quien fuera a amoblar los pisos que estos fueron espaciosos y que por lo menos el mío contara con una habitación lo suficientemente grande para tener el sofá en el que estoy sentado ahora. Vaya paradojas de la vida. ¿Quién diría que terminaría vigilando el sueño de la misma morena que me ha dejado con los huevos azules en más de una ocasión? Tal vez si no fuera la hermana de Liv no estaría aquí cuidándola como un centinela.
Sin más que hacer que verla decido tratar de distraer mi mente y ocuparla en el informe que me envío Brian de las escorias que se atrevieron a tratar de matar a la caprichosa que está en cama. No son matones comunes, pertenecen a una mafia, mafia no muy conocida. En el informe que me envía Brian veo el expediente de los progenitores de Maddison. La mujer Evangelina no parece más que un trofeo para su magno conyugue, me recuerda de alguna forma a mi madre, pero en la foto que me envían sus ojos me dejan una clara diferencia entre ella y mi madre. Su mirada es frívola y la de mi madre aun con todos los golpes que le ha propinado mi padre siguen teniendo una calidez inexplicable. Por otro lado, Gabriel, el idiota que tuvo la osadía de tocar a la reinita con sus asquerosas manos no es más que un mantenido, un jugador compulsivo obsesionado con las apuestas. No debo ser adivino para saber que es el causante de que este momento estén detrás de Maddison.
Detecto como la pequeña fugitiva ahora herida y en recuperación se remueve en la cama. Ruego al cielo porque no sea lo que dijo Oliver, pero al parecer es así.
- Váyanse, no las toquen, ellas no.... Mami... Eli - balbucea mientras me acerco a ella para comprobar mi teoría, está ardiendo en fiebre. Su temperatura esta alta - déjame, no quiero ir contigo... mami no me dejes - continúa balbuceando y puedo jurar que está delirando con lo mismo que soñó en la madrugada que fuimos al lago
- Maddison, no hay nadie. Estas segura, soy Axel - digo intentando que entienda algo, pero sé que va a ser imposible en ese estado. Solo hay una cosa que puedo hacer y es inyectarla, pero necesito inmovilizarla para encontrar la mejor manera y no lastimarla
Como puedo busco el medicamento que receto Oliver y que envié a buscarlo apenas todos salieron. Localizo el pequeño recipiente y la jeringa, y espero que mi pulso inyectando siga siendo el mismo que inculco el viejo porque de lo contrario voy a lastimarla y es lo que menos quiero en estos momentos. Logro mantenerla quieta por unos segundos mientras la aguja de la inyección entra en su piel vertiendo el líquido en su torrente sanguíneo. Espero que pasen unos minutos y al parecer ya dejo de delirar y los espasmos que tenia se detuvieron.
Luego de que reviso que este algo mejor bajo a la cocina por unas compresas de agua caliente para que le ayude a disminuir la temperatura. Recuerdo que era lo que nuestra madre hacia mientras esperaba que Oliver u otro médico llegaran a casa y funcionaba para mermar la temperatura corporal. ¿Así que porque no? Lo único que necesito ahora es que la terca mujer que tengo como paciente este bien porque si no es así cabezas rodaran...
Maddison
Me remuevo sobre una superficie acolchada, como puedo me incorporo un poco, pero tengo cierta molestia en el cuerpo, sobre todo en la pierna, me toma unos segundos recordar lo que pasó
- Veo que hay mejoría y que no soy tan mal enfermero - bromea Axel entrando a la habitación y no reconozco el lugar - debes estar adolorida, así que toma esto y por favor sin negativas que no estás en condiciones para discutir ni yo tampoco - indica colocando en mi mano unas pastillas con vaso de agua
- No iba a negarme, deberías pensar mejor de mi - replico antes de tomarme las pastillas - ¿Dónde estamos?
- En mi humilde hogar, no creí que tan pronto llegaras a mi cama, pero ve lo que trajo la corriente - exclama arrancándome una ligera sonrisa, si estuviera en otro momento tal vez empezaría nuestro juego, pero ahora tengo que aclarar mi mente - no es conveniente que pienses tanto, tu cerebro puede colapsar - señala algo divertido, pero hay algo extraño en su mirada mientras me quita el vaso de las manos
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Caos
Roman pour AdolescentsYo no estaba buscando nada, hasta que la nada chocó conmigo en la acera de la calle de una cafetería concurrida. De todas las personas que tenía que arrollar, es precisamente él, el cuñado de mi hermana, el egocéntrico alemán de más de un metro oche...
