La Invitación

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Los días pasaban y la emoción por la conversación con Richard Ríos no disminuía. Cada vez que abría Instagram y veía su nombre en mis seguidores, una mezcla de incredulidad y alegría me invadía. Era como si todo esto fuera parte de un sueño del que no quería despertar. Lo mejor de todo era que el partido de la selección estaba a la vuelta de la esquina, en el Estadio Metropolitano de Barranquilla, y no podía esperar para estar ahí.

Ese día, la mañana había sido intensa. Había tenido una sesión de fotos para una campaña de ropa que me tenía muy emocionada. Después de terminar, salí del estudio y revisé las notificaciones en mi celular. Hubo muchos likes y comentarios en las fotos que había subido, pero lo que realmente captó mi atención fue una notificación de Richard. Había reaccionado a una de mis historias.

Una simple foto de mí en el set de la sesión, vestida con uno de los outfits de la campaña, con la música de fondo de Blessd sonando

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Una simple foto de mí en el set de la sesión, vestida con uno de los outfits de la campaña, con la música de fondo de Blessd sonando. Y ahí estaba él, dejando un corazón en la reacción. Sonreí sin poder evitarlo. ¡No lo podía creer! No era cualquier jugador famoso el que le daba “like” a mis fotos; era Richard Ríos, y eso me hacía sentir aún más increíble.

Cuando llegué a casa, me cambié rápidamente a algo más cómodo: unos jeans ajustados y una camiseta básica. Sabía que el día estaba lejos de terminar, y no podía dejar de pensar en el partido. Quería estar ahí, en el estadio, viendo a Colombia jugar. Richard había mostrado interés en saber si iría, pero las entradas más cerca del campo ya estaban agotadas. Lo que me preocupaba, porque quería vivir la experiencia lo más cerca posible.

No lo pensé mucho y decidí escribirle. ¿Qué perdía, no?

"Hey, ¿todo listo para el partido del sábado? Estoy pensando en ir, pero las entradas más cerca del campo están agotadas 😔."

El mensaje fue enviado, y el nudo en mi estómago crecía a medida que esperaba respuesta.

Unos minutos después, llegó la respuesta de Richard:

"Sí, todo listo. Qué pena lo de las entradas... pero, si quieres, puedo conseguirte una. Tengo un par de pases VIP, ¿te interesa?"

El corazón me dio un vuelco. ¿Me estaba invitando a ir al partido? No podía creerlo.

"¡Wow! Sería increíble, gracias, Richard. No te preocupes si no puedes, pero si puedes conseguir uno, ¡me encantaría ir!"

Estaba tan emocionada que casi no podía escribir. Me quedé mirando la pantalla esperando más noticias.

"Está hecho, te reservo un pase VIP. Nos vemos el Martes, ¿te parece?"

"¡Perfecto! Nos vemos entonces", respondí.

Era oficial. Estaba a punto de asistir al partido más importante de mi vida, con acceso VIP, gracias a Richard Ríos. No podía creerlo. La emoción me invadía.

El día del partido llegó y el ambiente en Barranquilla era eléctrico. El estadio, lleno de banderas y camisetas amarillas, se sentía como un hervidero de emoción. El bullicio de la hinchada era ensordecedor, y yo estaba allí, con mi pase VIP en mano, sintiéndome como una estrella. La zona VIP era el lugar perfecto para estar cerca de los jugadores y, por supuesto, de Richard.

Caminaba por la zona exclusiva, mientras el sonido de la prensa y la multitud aumentaba a medida que se acercaba el comienzo del partido. Todo se sentía tan surrealista que aún no me acostumbraba a la idea de estar ahí.

De repente, los jugadores comenzaron a salir de la zona VIP para dirigirse a la cancha. Richard fue uno de los últimos en salir, y antes de entrar al campo, se detuvo un momento. Los demás jugadores estaban calentando, pero él aprovechó para quitarse la camiseta y lanzarla con fuerza hacia la zona VIP.

No podía creer lo que acababa de suceder. La camiseta volaba hacia mí, como si todo el estadio hubiera desaparecido por un segundo. Me estiré hacia adelante y la agarré al vuelo, con las manos temblando.

La tela estaba caliente. Al mirarla más de cerca, pude ver los detalles de la camiseta, y de repente, algo más captó mi atención. En la parte superior, cerca de su cuello, noté su tatuaje. Uno que parecía recorrer toda su espalda. Un tatuaje grande, de líneas intricadas y con un diseño profundo, que sólo me dejaba imaginar el significado que podía tener para él.

Estaba tan concentrada en el tatuaje que ni siquiera pude pensar en qué decir o hacer. Lo único que pude hacer fue mirarlo un momento más, mientras Richard seguía su camino hacia la cancha.

—¡Disfruta el partido, Sara! —me gritó, mientras comenzaba a alejarse, y yo me quedé ahí, con la camiseta en las manos, aún en shock.

El partido fue simplemente espectacular. La emoción en el estadio era indescriptible, con cada jugada, cada gol, y con cada ovación del público. Pero en mi mente, algo seguía dando vueltas. Esa camiseta. Su tatuaje. Y sobre todo, el hecho de que Richard había decidido lanzarme la camiseta a mí, en medio de todo.

Cuando el partido terminó, me quedé un rato más en la zona VIP, observando cómo la multitud comenzaba a salir del estadio. Mi corazón seguía acelerado, pero no solo por la emoción del juego, sino por la sensación de que este día era solo el principio de algo mucho más grande.

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