Entre La Multitud

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La semana después del partido pasó volando

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La semana después del partido pasó volando. No pude dejar de pensar en el partido, en la camiseta de Richard que aún guardaba en mi habitación, y, sobre todo, en él. Todo lo que había sucedido parecía tan irreal. La emoción de haber estado en el estadio, el calor de su mirada cuando me lanzó la camiseta, el tatuaje que me dejó sin palabras... cada detalle se repetía en mi cabeza una y otra vez.

No fue solo el hecho de haber estado cerca de él, sino también cómo me hizo sentir. Como si de alguna forma, con ese gesto, de alguna manera, me hubiera dado una señal, aunque no dijera nada. O tal vez estaba solo en mi cabeza.

Lo que sí sabía era que no quería perder contacto. De alguna forma, quería más. No solo por lo que representaba para mí, sino por el misterio de todo lo que envolvía a Richard Ríos. Sabía que era un jugador exitoso, pero también sentía que había más de lo que mostraba al mundo.

Esa tarde, mientras descansaba en mi casa, recibí un mensaje que hizo que mi corazón se acelerara. Era de Richard.

"Hola, Sara. ¿Cómo estás? Espero que te hayas divertido el sábado."

El mensaje era corto, pero me hizo sonreír de inmediato. Era la primera vez que me escribía desde el partido, y aunque la conversación había sido breve, sentí como si estuviera abriendo una puerta.

"¡Hola, Richard! Estuve genial, de verdad. ¡Fue una experiencia increíble! Todavía no puedo creer que te lanzaste la camiseta... 😅" respondí, con una sonrisa de oreja a oreja.

"Tú también pareces estar increíble. Me alegra que hayas disfrutado. Quiero invitarte a salir esta semana, si te parece bien. ¿Qué opinas?"

Mis dedos temblaron por un segundo mientras leía su mensaje. ¿Salimos? ¿Richard Ríos me estaba invitando a salir?

"Claro, me encantaría. ¿Tienes algo en mente?"

"Podemos ir a cenar, si te parece bien. No tengo un lugar en específico, pero conozco unos sitios tranquilos. ¿El jueves?"

El jueves no parecía tan lejano, pero la idea de salir con él me tenía nerviosa, aunque emocionada. Me sentía como si estuviera a punto de entrar en un terreno nuevo, un terreno que no había explorado antes.

"Perfecto. ¿A qué hora?"

"Te paso detalles más tarde. No te preocupes, va a ser divertido."

Me quedé mirando la pantalla del teléfono por unos segundos, sin poder dejar de sonreír. El "va a ser divertido" me hizo pensar que tal vez estaba tomando las cosas con calma. Richard no parecía estar en busca de nada serio. Pero al mismo tiempo, no me importaba. ¿Qué más daba si solo íbamos a disfrutar de la noche?

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El jueves llegó, y con él una mezcla de emociones que no sabía cómo manejar. Estaba nerviosa, pero también emocionada. Me pasé la tarde arreglándome para la cena, eligiendo un vestido sencillo pero elegante, algo que no gritara "quiero impresionar", pero que al mismo tiempo me hiciera sentir cómoda.

Me tomé mi tiempo para arreglarme. El cabello lo dejé suelto, con ondas suaves, y decidí mantener el maquillaje natural. No quería parecer alguien que no era, pero sí quería verme bien.

A las 8:00 p.m., recibí un mensaje de Richard.

"Te paso la dirección. Estamos en un restaurante en la zona norte. ¿Te parece?"

La dirección era un lugar bastante exclusivo, pero no demasiado ostentoso. La combinación perfecta. Me sentí bien sabiendo que no era algo extravagante, pero tampoco un lugar común.

"¡Perfecto! Ya voy para allá."
(Outfit de Sara)

Al llegar al restaurante, Richard ya estaba esperando en la entrada

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Al llegar al restaurante, Richard ya estaba esperando en la entrada. Llevaba un conjunto casual pero con clase: una camisa blanca que contrastaba con su piel bronceada y unos jeans oscuros. La sonrisa en su rostro era tan genuina que me hizo sentir más tranquila.

—¡Hola! —me saludó, con su voz profunda y cálida. Me dio un abrazo breve, pero firme, y me hizo sentir bienvenida.

—Hola, Richard. Qué lindo lugar —respondí, sonriendo.

Entramos al restaurante y nos sentamos en una mesa en una esquina, bastante privada, donde la vista era directa al mar. El ambiente era relajado, con luces tenues y una música suave que completaba la atmósfera.

—No sabía qué tipo de comida te gustaba, así que pedí algo variado. Espero que no te importe —dijo Richard, mientras hojeaba el menú.

—No me importa, en serio. Me encanta probar cosas nuevas —respondí, tratando de no sonar demasiado nerviosa.

Con el tiempo, la conversación fue fluyendo. Al principio, fue sobre cosas sencillas: trabajo, intereses comunes, películas que ambos habíamos visto. Pero a medida que la noche avanzaba, Richard comenzó a hablar un poco más de su vida personal, algo que no esperaba.

—No suelo hablar mucho de mí mismo, pero sé que estás curiosa —dijo, con una sonrisa de complicidad—. La vida de futbolista es un poco más compleja de lo que parece desde fuera. La gente piensa que es solo diversión y dinero, pero a veces, la presión es muy fuerte.

No supe qué responder en ese momento. Me di cuenta de que Richard no solo era un jugador, sino una persona que también tenía sus propias batallas internas.

—No lo había pensado así —admití—. Pero supongo que todos tenemos nuestras cosas que lidiar.

Richard asintió, su mirada fija en la mía.

—Sí, eso es cierto. A veces uno no sabe a quién puede contarle realmente las cosas. Y, bueno, esto es algo que ha cambiado mucho desde que te conocí.

Me quedé en silencio por un momento, la tensión en el aire se hizo más palpable. Richard había hablado con más sinceridad de lo que esperaba, y me hizo sentir que quizás había algo más entre nosotros que solo un par de mensajes y una camiseta lanzada al aire.

La noche continuó, entre risas y charlas más profundas, y de alguna forma, a pesar de la distancia que había entre nosotros en el mundo del fútbol y mi vida cotidiana, sentí que estábamos encontrando un punto en común.

Al final de la noche, cuando nos despedimos en la entrada del restaurante, Richard se acercó y, sin decir mucho, me dio un beso en la mejilla. Era algo ligero, pero la sensación de su cercanía me dejó sin palabras.

—Gracias por la cena, Sara. Me alegra que estemos conociéndonos.

—A mí también —respondí, con una sonrisa.

Mientras lo veía alejarse, me pregunté qué significaba todo esto. ¿Solo una cita más para él o algo más?

El tatuaje que había visto en su espalda, la camiseta lanzada, el beso en la mejilla... todo parecía indicar que algo estaba comenzando entre nosotros. Pero no podía saberlo con certeza.

Solo el tiempo lo diría.

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