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Desperté con una sensación pesada en el pecho. No había dormido bien desde esa noche en el parque con Richard. A cada rato, revivía nuestra conversación, una y otra vez. Las palabras que intercambiamos, los silencios que nos hirieron más de lo que cualquier palabra pudo haberlo hecho. Era como si, al final, todo lo que habíamos compartido no hubiera sido suficiente.
El sol apenas comenzaba a salir y, aunque tenía mil cosas por hacer, todo me parecía irrelevante. Ya no había emoción en nada. Valentina, que siempre sabía cuando algo me pasaba, me había dejado mensajes preocupados, pero no le había respondido. Simplemente no tenía energía para explicar lo inexplicable. Ni siquiera yo podía entender cómo llegamos a esto.
Tomé mi celular y me desplomé en la cama. El número de Richard estaba justo ahí, solo un clic de distancia. Sin embargo, lo último que quería era hablar con él. Su confesión en el parque, su incapacidad de tomar una decisión, me había dejado en un limbo del que no sabía cómo salir. No podía obligarlo a que me escogiera, pero tampoco podía seguir siendo la opción que quedaba en segundo lugar.
Mientras estaba absorta en mis pensamientos, sonó una notificación. Era un mensaje de Valentina:
"Amiga, no vas a creer lo que acabo de ver."
Fruncí el ceño, curiosa pero agotada al mismo tiempo. No tenía fuerzas para lidiar con dramas externos, pero algo en el mensaje me hizo abrirlo inmediatamente. El siguiente mensaje fue una captura de pantalla, una foto de Richard y Natalia en una fiesta. Ella lo abrazaba con fuerza, sonriendo para la cámara, mientras él parecía incómodo. La imagen me golpeó como un balde de agua fría. No hacía ni una semana que habíamos hablado sobre nuestros sentimientos y ahora los veía juntos como si nada hubiera cambiado.
Mi estómago se revolvió. Me senté en la cama, respirando profundamente para controlar el enojo. ¿Acaso había decidido quedarse con ella? ¿Era esto lo que él quería, vivir su vida fingiendo que nada estaba mal? Sentí un nudo en la garganta mientras mis dedos temblaban al responder el mensaje de Valentina.
"¿Dónde viste eso?"
"En Instagram, amiga. Todo el mundo está comentando sobre lo bien que se ven juntos. Lo acaban de publicar en la cuenta de Natalia."
No sabía qué hacer. Parte de mí quería confrontarlo, preguntarle qué diablos estaba pasando. Pero la otra parte, la que estaba harta de la incertidumbre, me decía que no valía la pena. Me había prometido no volver a ser la segunda opción, y aquí estaba, una vez más, en el mismo lugar.
Decidí salir de la cama y prepararme un café. Necesitaba claridad, y estar encerrada en mi cuarto no iba a ayudar. Mientras el café burbujeaba en la cafetera, tomé mi celular y volví a abrir Instagram. Busqué la cuenta de Natalia y, efectivamente, ahí estaba la foto. "Amor de mi vida", decía la descripción, acompañada de un emoji de corazón. Verlo me dolía más de lo que estaba dispuesta a admitir.
Terminé el café de un trago, ignorando el ardor en la garganta. Mi mente giraba en mil direcciones. Sabía que no podía seguir así, atrapada entre las decisiones de Richard. Si él no iba a elegir, entonces yo lo haría por los dos. No podía seguir esperando, esperando que algo cambiara cuando estaba claro que él ya había tomado su decisión.
El día avanzó lentamente, y el dolor en mi pecho no se iba. Luché por mantenerme ocupada, pero todo lo que hacía me recordaba a Richard de alguna manera. Por la tarde, decidí salir a caminar. Medellín, con su bullicio y su caos, me brindaba algo de consuelo. La ciudad estaba viva, y mientras caminaba entre la gente, me di cuenta de que yo también debía seguir adelante.
Mi teléfono vibró en el bolsillo, sacándome de mis pensamientos. Era un mensaje de Richard.
"Podemos hablar esta noche?"
Me detuve en seco. La tentación de ignorarlo era fuerte, pero sabía que, para bien o para mal, esta conversación debía ocurrir. No podía seguir evitando lo inevitable.
"Sí, en mi apartamento a las 8," respondí antes de guardarme el teléfono y seguir caminando. Me sentí extrañamente calmada, como si finalmente hubiera aceptado que, después de esta noche, algo iba a cambiar definitivamente.
La tarde se fue tan rápido como había llegado la noche. Cuando Richard tocó a mi puerta, el reloj marcaba justo las 8. Respiré hondo antes de abrir. Ahí estaba, con su habitual expresión seria, pero esta vez sus ojos reflejaban algo más. ¿Remordimiento? ¿Duda? No podía estar segura.
—Sara —dijo apenas cruzó la puerta, con un tono que parecía pedir perdón.
—Siéntate —le dije, señalando el sofá. No iba a dejar que sus palabras me confundieran esta vez. Tenía que ser firme.
Richard se sentó, pero yo permanecí de pie. No quería parecer vulnerable, no quería que pensara que aún podía jugar con mis emociones.
—Vi la foto —solté de inmediato. Sabía que no tenía sentido dar rodeos.
Él me miró con una mezcla de sorpresa y culpa.
—Sara, no es lo que parece —empezó a decir, pero lo interrumpí antes de que pudiera continuar.
—Entonces explícame qué es. Porque lo que parece es que sigues con Natalia, mientras a mí me dices que no sabes lo que quieres. ¿Qué se supone que haga con eso, Richard? ¿Esperar? ¿Ser la opción secundaria mientras decides qué hacer con tu vida?
Richard se pasó una mano por el cabello, claramente frustrado.
—No, no quiero que esperes. Te lo dije. No sería justo para ti, pero...
—Pero nada, Richard —lo interrumpí de nuevo—. No puedo seguir así. Si realmente quisieras estar conmigo, habrías tomado una decisión. Pero en lugar de eso, sigues con ella, fingiendo que todo está bien, y me dejas a mí en la sombra.
El silencio que siguió fue insoportable. Podía ver en sus ojos que estaba luchando por encontrar las palabras correctas, pero ya no me importaba lo que dijera. La verdad era clara: Richard no iba a elegirme. No iba a arriesgar todo lo que tenía con Natalia por algo que, para él, era incierto.
—Sara, yo...
—No, Richard —dije, esta vez más firme—. No hay más que decir. Ya tomaste tu decisión, aunque no lo hayas dicho en voz alta. Y yo también la he tomado. No puedo seguir con esto.
Richard me miró, su rostro lleno de dolor. Sabía que no esperaba que yo fuera la que terminara todo, pero era lo que debía hacer. No solo por mí, sino también por él.